Recordando a Oscar J. Terán
Para mí fue un honor conocer a Oscar. Fue hace más de cincuenta años que por última vez nos vimos en los corredores del Colegio cuando intercambiábamos saludos durante los recreos y otros eventos oficiales y religiosos del CCA. Al graduarnos, él siguió su rumbo, yo el mío; él regresó a Nicaragua, yo no.
A pesar de esa distancia que el tiempo se ocupó de agrandar, más adelante cuando la vida hizo que nos reencontráramos hace cinco o seis años atrás, cuando comenzamos a comunicarnos más fácilmente por las vías electrónicas, yo había comenzado a jugar con mis cuentos.
Ex funcionario de OEA y cuentista, fue como Oscar me distinguió en su último libro al citar un breve comentario que le hiciera a uno de sus cuentos. Hubiera preferido que me hubiera llamado solamente “cuentista”.
Pero fue con fecha más reciente, en julio del 2013, a raíz de que él nos brindara su cuento Cuéntame un cuento, cuando con más frecuencia comenzamos a intercambiar correos. Fue por esas coincidencias de la vida que yo había escrito también sobre un nieto que le pide a su abuelo que le contase un cuento.
A raíz de este pequeño intercambio iniciamos una conversación más amigable, entre dos “cuentistas”, siendo Oscar más ducho que yo en este campo. En una de sus “divagaciones” Oscar nos comunicó entre líneas sobre el mal que le afligía, del dolor que en silencio sufría.
Oscar fue un hombre sincero, honesto, amante de su familia, de su querida esposa Alejandra, de sus hijos – sus hormigas – como se refirió a su familia en uno de sus cuentos describiendo su vida en ese frio Chicago; cómo se aclimataron, cómo se abrieron paso con su guía y cuido y cómo se desenvolvieron en su país adoptivo.
Oscar te vamos a echar de menos, vamos a extrañar tus cuentos, tus anécdotas, tus pensamientos y divagaciones las cuales tuviste la gentileza de compartir con todos nosotros. Gracias por obsequiarme tu último libro. Gracias por tu ayuda, tu guía y asesoramiento. Te agradezco que a pesar de la enfermedad que te agobiaba, no dejaste en ningún instante de leer mis cuentos, siempre ofreciéndome tu crítica constructiva y guía profesional. Como te dijera anteriormente, ya tengo guardado “tu libro” junto con los libros de los grandes, los cuentistas famosos latinoamericanos.
Antes que se me olvide mi estimado Oscar, donde quiera que estés, como te diría tu nieto Gerardito en tu cuento, no te olvides nunca de “contarnos un cuento”.
Como Gerardito, estaremos soñolientos, con nuestros ojos abiertos como ventanas en nuestro corazón, buscando el profundo y apropiado lugar para almacenar para siempre vuestra maravillosa enseñanza.
En unión de mi esposa Silvia, extendemos nuestro más sentido pésame a tu querida esposa Alejandra, tus hijos, tu hermano Julio y a toda la familia Terán.
Armando J. Calonje M. Monterey, California
9 de marzo de 2015