Armando: Recordando a Oscar Teran

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Recordando a Oscar J. Terán

Para mí fue un honor conocer a Oscar. Fue hace más de cincuenta años que por última vez nos vimos en los corredores del Colegio cuando intercambiábamos saludos durante los recreos y otros eventos oficiales y religiosos del CCA. Al graduarnos, él siguió su rumbo, yo el mío; él regresó a Nicaragua, yo no.

A pesar de esa distancia que el tiempo se ocupó de agrandar, más adelante cuando la vida hizo que nos reencontráramos hace cinco o seis años atrás, cuando comenzamos a comunicarnos más fácilmente por las vías electrónicas, yo había comenzado a jugar con mis cuentos.

Ex funcionario de OEA y cuentista, fue como Oscar me distinguió en su último libro al citar un breve comentario que le hiciera a uno de sus cuentos. Hubiera preferido que me hubiera llamado solamente “cuentista”.

Pero fue con fecha más reciente, en julio del 2013, a raíz de que él nos brindara su cuento Cuéntame un cuento, cuando con más frecuencia comenzamos a intercambiar correos. Fue por esas coincidencias de la vida que yo había escrito también sobre un nieto que le pide a su abuelo que le contase un cuento.

A raíz de este pequeño intercambio iniciamos una conversación más amigable, entre dos “cuentistas”, siendo Oscar más ducho que yo en este campo. En una de sus “divagaciones” Oscar nos comunicó entre líneas sobre el mal que le afligía, del dolor que en silencio sufría.

Oscar fue un hombre sincero, honesto, amante de su familia, de su querida esposa Alejandra, de sus hijos – sus hormigas – como se refirió a su familia en uno de sus cuentos describiendo su vida en ese frio Chicago; cómo se aclimataron, cómo se abrieron paso con su guía y cuido y cómo se desenvolvieron en su país adoptivo.

Oscar te vamos a echar de menos, vamos a extrañar tus cuentos, tus anécdotas, tus pensamientos y divagaciones las cuales tuviste la gentileza de compartir con todos nosotros. Gracias por obsequiarme tu último libro. Gracias por tu ayuda, tu guía y asesoramiento. Te agradezco que a pesar de la enfermedad que te agobiaba, no dejaste en ningún instante de leer mis cuentos, siempre ofreciéndome tu crítica constructiva y guía profesional. Como te dijera anteriormente, ya tengo guardado “tu libro” junto con los libros de los grandes, los cuentistas famosos latinoamericanos.

Antes que se me olvide mi estimado Oscar, donde quiera que estés, como te diría tu nieto Gerardito en tu cuento, no te olvides nunca de “contarnos un cuento”.

Como Gerardito, estaremos soñolientos, con nuestros ojos abiertos como ventanas en nuestro corazón, buscando el profundo y apropiado lugar para almacenar para siempre vuestra maravillosa enseñanza.

En unión de mi esposa Silvia, extendemos nuestro más sentido pésame a tu querida esposa Alejandra, tus hijos, tu hermano Julio y a toda la familia Terán.

Armando J. Calonje M. Monterey, California

9 de marzo de 2015

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.