Simeón Rizo

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

COMENTARIO PROVOCADO POR ARTICULO DE TOMAS, OCTAVIANO Y JAIME

Muchos, antes y ahora, se quejan de la situación moral de la sociedad en que viven, a la falta de ética, a la inmoralidad secular, a la falta de igualdad humana y otras condiciones históricas que nos llenan de indignación.

Pero solo nos llenan de indignación.

Poco he leído sobre las causas, razones y condiciones de esa realidad humana que se repite; y más de las acciones o remedios que se han intentado aplicar a tal situación, y que por la existencia de tales iniquidades, supongo han fracasado.

¿Por qué los seres humanos somos tan distintos? ¿Por qué hay sociedades más ricas y otras más pobres, tanto económica como culturalmente? ¿Qué es la cultura?

En otras palabras,¿ por qué solo nos dedicamos a describir miserias y no investigamos el porqué de esas miserias?.

Y esto más cuando proponemos reflexionar sobre el tema o descalificamos las preguntas o decimos que es pérdida de tiempo. En otras palabras nos aburre el reflexionar, que requiere un trabajo, y nos encanta describir que es una diversión.

La reflexión nos induce a la acción la descripción nos lleva a la contemplación.

Así vivimos viéndonos el ombligo, pero sin interés de saber porque tenemos ombligo.

En cada ciudad del país hay por lo menos tres sociedades de poetas, pero en todo Nicaragua solo existe una sociedad de ciencias, y de matemática ninguna. No mencionemos, por vergüenza ajena, la ausencia de investigación en las universidades o su calidad. No estoy claro que se entiende por Universidad aquí.

Estamos claro que la curiosidad humana, el compararnos, con el o los otros, es biológicamente más fuerte que la abstracción del razonar. Al fin y al cabo los seres humanos son lo que los otros perciben de él. Si no existe otro, no existo yo.

Sólo esto ya nos debería hacer pensar sobre las diferencias, las distintas percepciones y los diferentes estratos sociales de la sociedad nicaragüense.

Pero ¿cómo categorizamos a las personas? ¿Por qué nos parecen distintas?

Porqué hay un órgano que se llama cerebro, que por su estructura genética, su desarrollo y su actividad consciente, nos hace distinguir las cosas.

Pero es muy complicado eso de conocer cómo funciona el cerebro.

Así decían los que defendían la llanura de la tierra, versus los que decían que era redonda. Además que no cambiaba nada, una u otra cosa.

Posiblemente ya algunos dirán, ya viene este Simeón con sus tonteras del gen, el cerebro y la Socio-biología.

Y en lugar de interesarse en conocer o reflexionar sobre el tema desde esa perspectiva, citamos a fulanos de hace cien años, que sin desmentirlos, no tuvieron los conocimientos actuales para explicar, exponer o buscar soluciones al problema.

Muchos seguimos, con Hume, Rousseau, Marx, o la Biblia y ignoramos a politólogos o científicos actuales, que además de conocer lo que conocieron y en lo que se apoyaron los viejos sabios, tienen otras visiones, otras informaciones y otras realidades.

No veo citar a Galileo, Darwin, Wilson, Dawkin, North, Fukuyama, Wade, Hawkins, Heisemberg y muchos otros. Siempre veo preferir a filósofos, sociólogos, economistas antiguos o livianos, a científicos pesados, que basados en estudios matemáticos de la realidad, nos dan otras interpretaciones de la conducta humana y su disparidad; lo que dice la física y la química sobre la vida; las razones y causas de los hechos sociales que hacen la historia etc. etc.

Como dije anteriormente, a estas alturas ya estarán diciendo, este Simeón y su cerebro y el gen, que jode, es monotemático.

Pero en fin, hablar de las conductas sociales, políticas, éticas y morales, desconociendo el gen y el cerebro, es como hablar de los pulmones y querer desconocer la importancia del oxígeno del aire.

Creo necesario analizar los fenómenos a través del porqué del mecanismo del fenómeno y en base a eso ver soluciones o aceptar realidades, aparentemente insolubles en el momento o por la carencia de información científica adecuada.

Entrando en materia.

No les llama la atención que la corrupción y la deshonestidad van ligadas a la falta de instituciones.

Entonces ¿Cómo nacen y se hacen las instituciones? Que son producto de sociedades formadas por humanos.

¿Cómo funciona la institución del poder en nuestros primos los chimpancés, con quienes tenemos ancestros comunes? ¿Cómo funcionan las instituciones en los primitivos humanos cazadores recolectores? Si entendemos cómo funcionaban y su nivel de desarrollo cerebral entenderemos mejor que es lo que pasa en nuestras sociedades latinoamericanas y en especial en Nicaragua. Y que podríamos hacer para acelerar dicha evolución.

¿No les llama la atención la migración del campo a la ciudad de miles de campesinos que prácticamente traen una cultura de recolectores y cazadores?. Y el fracaso de las cooperativas, tan exitosas en otras sociedades. Y la suciedad en las calles, no tendrá algo que ver con esto. Y la ética urbana no es diferente a la ética del solitario recolector cazador, que no tiene vecinos, ni vive en ciudad con otras que les afean ciertas conductas, que en el campo son normales.

En el campo no hay jueces, ni curas, ni nadie que les penalice su conducta. Y la falta de viviendas en edificios de apartamentos. Donde estará el origen?

Si comparamos el nivel de desarrollo de nuestra sociedad, con otras sociedades antiguas que pasaron por un desarrollo similar, podemos intentar acelerar la evolución de la nuestra, estudiando cuales fueron las condiciones biosociales de otras sociedades desarrolladas.

Esas conductas primitivas hacen que seamos tan proclives al populismo y a la propensión y obediencia a los caudillos.

Pero ¿por qué las instituciones que han permitido mayor bienestar y desarrollo se han creado en ciertas sociedades y no en otras? Miren los árabes, que fueron mucho más poderosos hace 500 años que Europa, y los chinos e hindúes, ¿dónde están?

¿Por qué en África no han existido sociedades desarrolladas? ¿Por qué los Mayas, Aztecas, Incas, nunca usaron la rueda, ni domesticaron animales, sociedades de miles de personas que sucumbieron frente a un puñado de españoles?

Y nosotros que somos mezcla de indios, negros y blancos porque no tenemos instituciones inclusivas sino que solo extractivas, semejantes a los cazadores recolectores, a las monarquías chinas y otomanas donde el sistema propiciaba la desigualdad.

No existe un estudio de nuestro genoma, que posiblemente tiene características específicas, igual que otros grupos humanos que se desarrollan en espacios geográficos determinados, o que han vivido experiencias históricas especiales.

Lo anterior nos permitiría conocernos mejor y tomar decisiones importantes para activar nuestra evolución.

Pero en nuestra sociedad lo importante es extraer no solucionar.

Si Ustedes se fijan que diferencia existe entre los que hicieron la independencia en América y aquí, con los que dominaban antes o sea en la colonia.

Solo hubo cambio de nombres, pero el sistema siguió igual.

En nuestra independencia que cambio? Solo que desaparecieron los registros de la propiedad, se abolieron los escudos y los don, y les quitaron a los españoles peninsulares sus bienes para quedárselos los españoles criollos, acuérdense que todos éramos súbditos del rey de España.

Y después, que es la diferencia entre los liberales y conservadores si no es que de pronto unos les quitan las posesiones a otros. Y así sucesivamente. Que diferencia existe entre Ortega y Somoza u otros.

En la sociedad de cazadores recolectores la rapiña y el robo era algo normal y aceptado, así como observamos esa conducta permisiva en nuestra sociedad, las distintas piñatas es un ejemplo.

La misma piñata de cumpleaños es un ejemplo de desorden y de falta de propiedad, quebramos algo y agarrar lo más que se pueda. Terremoto. Tenemos algo sin trabajar, gratis, sin acordarnos que no hay almuerzo gratis, siempre alguien paga.

Nuestra sociedad sigue siendo extractiva y las instituciones, que las crean las personas, las hacen para defender sus ganancias. Veamos el poder judicial aquí y en Venezuela o Cuba.

¿Cuál gen estará actuando?

Entonces de que asustarnos de la corrupción o falta de ética.

Muchas han pensado que la educación es la solución. Pero quien educa a quien. Del mismo barro no pueden salir comales diferentes. Nuestra educación es producto de nuestra condición.

La iglesia que muchos ponen como esperanza es un camino, pero que lleva a la misma parte.

Ya a los jesuitas se les olvidó que ellos propiciaron la teología de la liberación. Y los muertos que ellos empujaron que pasó?. Quizás los hacen santos.

Los curas son como el padre Gatica que predica pero no practica, si no veamos sus tesoros y bancos.

Que conste es mejor así, que con la pobreza que predican no se va a ninguna parte, pues yo no he visto que de la pobreza salga algo bueno, excepto pasar por el ojo de una aguja. Claro si están flacos.

Que sigan rezando y orando que la oración, aunque no quita el hambre la engaña.

En resumen, que mientras no sepamos quienes somos, poco podemos saber de cómo actuamos, y si no sabemos cómo somos poco podemos hacer para modificarnos; y mientras nos guste más los cuentos, las historias y la poesía, pues no sobreviviremos y seremos, como ya nos han catalogado: estados fallidos.

El futuro está en otra parte, por lo menos el inmediato, cosa que entienden los que emigran y entendemos los que vivimos aquí, que gozamos de privilegios únicos porque nuestro futuro es el presente.

Actualmente no veo alguna diferencia entre la Nicaragua de antes, de Somoza que la de Ortega, ni de la de Zelaya, conservadores de los treinta años, independencia o colonia, lo único que ha cambiado son algunos apellidos. La misma miel…con diferentes moscas

En genética 200 años, ocho generaciones, es suficiente para que los alelos, la parte del gen que se une con la otra parte para formar un espécimen diferente, se hayan estructurado con cierta especificidad, nosotros tenemos de vivir en un nicho geográfico más de 400 años, debe ser suficiente para producir y tener características propias. Bueno esto es una reflexión de domingo.

Managua 17 de mayo del 2015 SRC.

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.