Carlos Homero del Perú en FB

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Dejó de ser pediatra activo y ahora se dedica a lo que siempre le fascinó, el pensar en verso. Les  comparto dos ejemplos de su actividad reciente que nos atañe a todos.

23 de abril

25 de abril 2016

ANFIBIO

¿“Por quién doblan las campanas”?

que doblen por el que quieran

menos por mí, naturalmente.

Soy un duro caminante

no me agoto, no me canso…

porque no soy yo quien camina

sino mi propio caminar…

Nunca hice caso,

a los falsos augurios

ni a los malos presagios.

Mil veces he pregonado:

El trabajo físico es bueno

el intelectual, mucho mejor.

Con toque sensual os digo:

Me gusta el vino exquisito

Y bailar cual negro cubano.

Me encanta el pescado costeño

y el “shambar” de mi tierra.

El batir de las olas me calma

las alturas me enloquecen.

Hace tiempo yo dije:

soy animal anfibio

provengo de la sierra

moriré junto al mar.

DEL MISMO BARRO

Las piedras del molino

frotan, una contra la otra;

se desmoronan, se desgastan,

se despedazan de a pocos;

a veces sacando chispas

a veces sacando nada…

Mis palabras también

a veces no dicen nada

a veces muelen la nada.

Las piedras del molino

suelen moler de rutina

una preciada sustancia:

el trigo maduro, dorado,

que servirá para el pan.

En forma similar quiero

que mis palabras digan

lo que tengan que decir:

unas cuantas ideas

unos cuantos conceptos,

para hacer con ellos

un alimento de paz y amor.

Quisiera amasar un pan

que te nutra del todo bien :

que seas, pacífico y sereno;

sano, fuerte y honrado…

y libre como un ruiseñor.

Quiero para ti todo eso,

porque eres mi hermano

de la misma sustancia…

de la perecedera materia

del frágil barro humano.

Sin embargo…

a fuerza de cantar

y, a fuerza de insistir

quiero que encuentres

no sólo el instinto puro

(que también es bueno)

sino la moral necesaria

que te otorgue equilibrio

para vivir bien el “hoy”.

CARLOS HOMERO

Riqueza

A trompicones
va la cholita
con sus bracitos en cruz.
Con sus dos años y medio
enrumba desenfrenada
tras la carreta sucia.
La verdulera mira a su niña
la niña ríe a la madre…
ambas se cubren de harapos
descubren ambas su amor:
Una ama a la otra
ambas lo tienen todo.

CARLOS HOMERO

14 de diciembre

LOS BUEYES

Después de la jornada
en el blanco caserío
húmedas lloran las tejas
mientras la tarde acaba.
Las mujeres intercambian
trajines de noble hollín;
los hombres cansados
tras la dura labranza
se miran a los ojos
con un vaso de chicha.
Por el camino horizontal
que viene del “Almagre”
cabizbajos llegan, despacio,
los bueyes de “don Noé”:
silenciosos desconfiados
van pasando…
no sé lo que piensan
de esta vida rutinaria,
no sé lo que anhela
su noble corazón.
Con su testa gigantesca
y sus ojos extraviados
bamboleándose parlotean…
Algo han sentenciado
en la puerta de mi casa
en la esquina de la plaza.
Asumí yo un compromiso
aquella tarde sublime:
quedarme muy callado
para oír al silencio…
Fatigados pasan los bueyes
mansos y prudentes
resignados y buenos
rotundamente sabios.
En todas partes he visto
el accionar del hombre,
pero sólo en este lugar
yo sentí y vi,
a los bueyes meditar…
contundente fue la visión
mientras la tarde caía
en un rincón de mi alma
en la casa de mi madre
en la esquina de la plaza.

Carlos Paredes Carranza

13 de agosto a las 23:46

PEQUEÑO GORRIÓN

Mujer de canela y rosa

de porcelana y de miel

que penumbra te esconde

ante el asombro de mis ojos

con que distancia sueñas…

cuando un brillo fulgura

en los ojos de un gorrión

que de soslayo me mira

y, muy bajito me dice:

Quien no sirve para amar

tampoco sirve para vivir.

Considerado me dice:

¿Porqué lloras como niño

al ocaso de la tarde?

¿Temes acaso perderle?

Sabes…

lo tengo bien atrapado

te lo regalo entero

róbalo para siempre

escóndelo en tu retina.

¡Adiós!

Y levantó el vuelo

cuando la tarde caía

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.