Elegía para un amigo

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Bienaventurados los que tienen

puro el corazón

porque ellos verán a Dios

Mateo 5: 5-8

Aunque de diferente geografía, Armando Calonje de (Nicaragua) y yo de Bolivia, hubimos de coincidir tanto en la actividad laboral como el apego a la buena lectura y a la producción literaria, tan bien cultivada por Armando, lo que en la suma de las afinidades se diera como una relación de amistad sincera y claro entendimiento del significado real del concepto de “ser amigo”

Armando Calonje, inicio su andar en los Estados Unidos con una excelente formación académica en la Universidad de Luisiana y sentó sus reales, con el cotidiano trabajo de superarse con una maestría en la Universidad George Washington, y luego su paso por la diplomacia.  Formó una ejemplar familia contrayendo matrimonio con Silvia Cervino, su leal compañera… ambos optando por el exilio voluntario…  él lejos de su entrañable Nicaragua y ella, como expresión de la fortaleza caribeña, participó del doloroso experimento político, desgarrador de la unión familiar. Silvia fue una más de las niñas cubanas que emigraron a los Estados Unidos en la Operación Peter Pan

Armando recaló en los entresijos de las relaciones internacionales, primero como primer secretario de la Misión de Nicaragua ante la Casa Blanca. Su experiencia profesional en las relaciones internacionales le permitió cobijarse, luego, en los aleros la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos, donde presto su asistencia y capacidad profesional, con claro reconocimiento por parte de muchas administraciones del Órgano Regional, por su entrega y eficiencia laboral…Toda una vida al servicio de los intereses y proyectos del Sistema Interamericano.

Tuvo una multifacética personalidad, al margen de su cotidiano esfuerzo por servir a la Administración de la OEA como excelente profesional:  en los Departamentos de Recursos Humanos y luego en el de Recursos Materiales, todo ello por 25 años de servicio continua.

En todo ese tiempo, y luego de su retiro, se volcó al cultivo de las letras tal cual fuese la inclinación de su coterráneo el gran Rubén Darío. Armando deleitó a sus lectores con ensayos y cuentos cortos, todos ellos con sabor a su terruño, rescatando viejas tradiciones y experiencias pueblerinas de su natural hábitat en Granada, tal como se dijese, al presente, con un realismo mágico y con sabor nuestro.  En su vasta producción literaria tuvieron mucho éxito dos de sus libros “Tales along the way” y  “Yearning”, amén de otros escritos, concebidos como pequeños relatos

La muerte tan frágil, pero siempre presente, no es solo un detalle del vivir, es sobre todo poder aceptarla. En el caso de la apartida del amigo queremos  identificar y resaltar sus valores, sus acciones y sus cometidos,  con lo que se logra poner en relieve el significad que tuvo el ausente en vida, y al hacerle así es propio expresar  un sentido homenaje, con ello  hacemos justicia al mencionar sus  mérito, su agradable personalidad y el trato humano que siempre dispensó,   lo conocieron y gozaron de  su grandeza de alma y corazón puro.

Sin duda alguna, la mayor fidelidad a la amistad no es la alabanza es solo reconocer en el amigo sus méritos, señalando sus logros y dejar por sentado las enseñanzas que no dejó al ser un ejemplo de un bien vivir, su entrega a su familia, a su entorno laboral y a sus amigos

Escribo desde la trinchera de la memoria, pero sobre todo desde el fondo de mis sentimientos para quien supo privilegiarme con su amistad

Paz en su tumba, para el querido y entrañable amigo  

Enero  2025

Alberto Quiroga G.  


Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.