Armando desde el más allá para nosotros, gracias a su esposa Silvia quien vive en Bethesda USA
Reflexión; ¿quiénes son tus amigos?
No recuerdo exactamente la fecha, pero fue hacia los finales del fatídico año 2020 cuando viendo un programa por los medios televisivos, el portavoz resumía cómo nos había afectado ese año. Ese año plagado de muertos, quemazones, asaltos, marchas y protestas raciales, elecciones presidenciales, alegaciones de cómo algunos millares de votos habían sido cambiados y otorgados a un candidato quitándoselos a otro, cómo las estatuas de algunos héroes de la Guerra Civil de los Estados Unidos incluso la estatua del descubridor de las Américas Cristóbal Colón eran ultrajadas, pintadas en rojo y negro, enlazadas para derrumbarlas y tirarlas al suelo donde eran pisoteadas, escupidas…, en aras de una igualdad social y el rencor o culpabilidad por haber sido esclavistas o por ser descendientes de esclavos negros. Pero lo más agravante de esa muy interesante transmisión fue el resumen de cómo el contagioso y mortal corona virus —o más familiarmente conocido como el virus chino (por haberse originado en la China) Covid19— ha infestado y causado la muerte de millones de personas en el mundo entero.
Fue en esa misma instancia que escuché al comentarista referirse a la amistad. Ese comentarista puntualizaba cómo actualmente una gran mayoría de los pobladores de este planeta valorizaban la amistad utilizando términos y elementos sin valor alguno a lo que yo llamo y considero que son elementos vacíos o de celuloide.
Con la popularización de las famosas “redes sociales” los adictos al Twitter, Facebook, Instagram, etc. se vanaglorían y enumeran exageradamente el gran número de sus seguidores a los que ellos orgullosamente califican como “amigos” los que en ciertos casos ese número asciende a los cientos, miles o muchos más. Ese mismo cronista concluía que el número de nuestros amigos es muy limitado resumiendo que el círculo amistoso era minúsculo el cual, a veces, apenas comprendía del núcleo familiar más unos pocos amigos que podían contarse con los dedos de una mano.
Dicho comentario me dejo pensando y provocó curiosidad o mejor dicho me incitó a reflexionar sobre el tema de la amistad y evaluar quiénes son y cuantos son nuestros amigos. A continuación, expongo algunas breves experiencias que según yo están vinculadas con el tema de la amistad.
—“Che píbe, pará un poquito, nada de amigos, apenas somos conocidos de trabajo…”
Esa fue la respuesta de una persona, oriunda de un país sudamericano, a quien consideraba o había catalogado como “amigo”. Obviamente había cometido un error garrafal, como dirían algunos en el cono sur de las Américas. A pesar de haber compartido con esa persona almuerzos, degustaciones de vino, entre otros muchos eventos los que había calificado como “amistosos”, a esa persona en ningún momento se le había cruzado por su mente que podría haber sido su amigo, apenas era sólo un conocido de trabajo, otro más en el montón de personas con quién a diario nos encontramos en las calles o en los círculos de laboro a quienes rutinariamente y mecánicamente saludamos en los fríos pasillos de un edificio de ladrillo y cemento.
En el libro East of Eden (Al este del Edén), John Steinbeck en una de sus tantas descriptivas escenas se refiere a Lee el mayordomo chino quien después de muchos años de fielmente trabajar en la propiedad de Adam Trask, su patrón —uno de los protagonistas más importantes de esta afamada novela—, decide irse a vivir a San Francisco. Al despedirse de Adam, éste pregunta al apreciado mayordomo:
“¿Te comunicarás con nosotros?”
“No sé —respondió Lee—. Tengo que pensarlo. Dicen que una herida limpia sana más rápido. No hay nada más triste que las relaciones sostenidas por la goma de un sello postal. Si tú no puedes escuchar o tocar a un hombre, es mejor dejarlo ir…”
Después de haber leído esa famosa novela la cual ha sido traducida a muchos idiomas y ser el tema de una película protagonizada por el ya difunto rebelde y galán James Dean, esa cita siempre me impactó muchísimo y siempre me hace recordar el asunto de la amistad. Me referí a esa interesante escena en Añoranzas, (Yearnings…) el título de uno de mis cuentos qué con el mismo nombre bauticé mi último libro. Refiriéndome a ese emocionante pasaje del famoso Steinbeck tomé el diálogo entre Lee y Trask lo adapté a mi manera usando otros términos y concluí que:
…si no puedes ver, hablar con una persona, darle la mano, compartir una broma, una bebida, un almuerzo… es mejor alejarse, dejar ir a esa persona…
En la actualidad las citadas redes sociales y las comunicaciones a través de la internet nos han permitido mantener relaciones amistosas y algunas veces intercambios con insinuaciones sexuales con personas a las que algunos califican como “amigos y amigas” escribiéndose, enviando escritos propios y de otros, chistes, noticias, fotografías personales, de familiares, hasta de otros en situaciones insinuantes que a veces no encajan bajo el rubro de la decencia.
A estas relaciones les llamamos “virtuales” ya que no tenemos contacto físico con los integrantes ni siquiera esporádicamente. Son personas con las que en un pasado convivimos, compartimos alegres experiencias y vivencias colegiales, universitarias, de trabajo, sociales, invitados por referencia de otros, a quienes hemos visto ocasionalmente o no conocemos personalmente, o no los hemos visto más y quizás no volveremos a ver, y menos compartir con ellos las experiencias arriba citadas por el famosos escritor Steinbeck y por mi interpretadas. ¿Habrá que alejarse de esas personas, de esas amistades virtuales, de esos conocidos de trabajo… dejarlas ir? Quizás…
Las llamadas relaciones “virtuales” o las que conservamos en vivo son relaciones que llamamos sociales o amistosas y las mantenemos por costumbre o por rutina, y a veces esporádicamente compartimos con ellas alguna vivencia, contestamos sus mensajes electrónicos ofreciendo comentarios por compromiso, o los omitimos y borramos sin preocuparnos de su contenido y menos ocuparnos de leerlos o contestarlos. Más específicamente, cuando escribimos a esos supuestos amigos, una gran mayoría tampoco se ocupan de responder y menos de leer lo que se les ha transmitido.
La devastadora pandemia vivida en el año 2020 la que, a pesar del esfuerzo de los científicos del mundo de descubrir una vacuna para contrarrestar el virus más el esfuerzo de nuestros gobiernos de inocular a los pobladores del mundo aún no ha podido ser controlada. El contagioso virus y el encierro provocado —voluntariamente u obligado— ha contribuido en gran parte a la desintegración de los lazos amistosos. De aquellos tenues lazos amigables, que en una época nos mantenía atados y más interesados en conversar, reunirnos, compartir una copa, un apretón de manos, un abrazo fraternal, unas palmadas en la espalda, quedan apenas recuerdos que la neblina de un alegre ayer a opacado. La desafección ha sido también agravada por elementos como el tiempo, la distancia, el desinterés, la salud, la vejez y finalmente por la muerte de uno o más de los integrantes de ese grupo o grupos.
“Siempre hay un hijo de puta en el barrio”, me comentaba un sabio casi ciego anciano quien fumando una pipa lentamente se mecía en una butaca a quien yo de chico visitaba para oír sus refranes, acertados comentarios y consejos. Siempre existe el alacrán venenoso que escondido en la solapa del saco o prendido en el cuello de la camisa espera el momento para enterrarte la venenosa ponzoña en el cuello o en la espalda. Siempre existe la serpiente venenosa que espera al asecho y espera un descuido para clavar sus colmillos e inyectarte el veneno que te inutiliza o te mata.
En algunos países comunistas y en otros donde el derecho a expresar sus opiniones —ya sea escritas o habladas, en privado o en público— existen los muy conocidos “comités de barrio” cuya función es informar al gobierno cuando algún vecino se expresa mal del tirano o gobernante resultando en represalias (encarcelamiento o paredón) en contra del desdichado que, confiado en la “amistad” del vecino, se atrevió a comentar algo supuestamente negativo.
En otros países, donde se practica el socialismo solapado o sea elegantemente vestido con atuendos democráticos existen los denunciantes incógnitos, los que informan de actividades incorrectas a sus supervisores ya sea por beneficio propio o por lealtad al país o institución, pero dichos informantes no se diferencian mucho de los chivatos o soplones. En realidad, esas personas son las mismas con distinto nombre y sus acusaciones tienen resultados encarcelarios muy parecidos a los implementados en países represores exceptuando, a veces, el paredón. Los integrantes de tales grupos aparentan o dicen ser tus amigos, pero al menor descuido, como el alacrán y la serpiente, están listos para clavarte la ponzoña y colmillos, esos son nuestros peores enemigos.
“La envidia es el cáncer del alma”. Así se refería mi padre al hablar de gentes envidiosas que a diario nos rodean.
Esos cancerosos que por envidia te hacen daño, te mal informan, hablan mal de ti, te amenazan con interponer demandas en tu contra por lo que has dicho verbalmente o por lo que has escrito, te delatan con tus vecinos u otros amigos por no concordar con ellos sobre temas varios, inócuos, de celuloide… Esos son los que integran los grupos sociales, virtuales, aun cuando dicha gente o los llamados amigos o tus mismos familiares están alejados o muy cercanos a tí. ¿Serán esos tus verdaderos amigos o tus enemigos solapados…?
En resumen. ¿Quiénes son tus verdaderos amigos? ¿Tus familiares, tus hijos, tu esposa? O más bien aquel quien, cuando tú dices necesito ayuda, te extiende la mano y te dice: ven yo te voy a ayudar. ¿Qué me dices, qué opinas? Piénsalo y escríbeme.
Termino estas reflexiones con un breve dialogo sostenido con mi nieto, un niño de cinco años, que se entretenía construyendo avioncitos con legos. Al terminar con uno de sus pequeños proyectos, alzó su mirada hacia donde estaba sentado y me dijo:
—Abuelo, te quiero mucho.
Me sorprendió su espontaneo y afectuoso comentario y le pregunté:
—¿Qué significa para tí el decirme «te quiero mucho?»
El niño me miró de nuevo, puso su manita derecha en el centro de su pecho y me dijo:
—Abuelo, para mí eso significa que tú eres mi mejor amigo y que viene de mi corazón.
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Estas reflexiones son estrictamente mías, no han sido tomadas de ningún escrito ya sea de un libro o una revista. Es un punto de vista muy personal y no es mi intención ofender a nadie ni tampoco representan el punto de vista de otros. Se prohíbe la distribución o reproducción total o parcial de su contenido sin la autorización previa del autor. (2021)Ahora con el recuerdo y la venia de Silvia