Añoranzas: origen y correspondencia

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Armando J Calonje, 21 de Agosto de 2019

Estimados compañeros, confiando que este correo los encuentre bien de salud, me place informarles que finalmente, después de mas de dos años de trabajo he logrado publicar mi segundo libro con algunos cuentos. Digo mas de dos años ya que además de traducirlos al inglés, hubo que editarlos (evitando nicaragüismos o “spanglicismos”) o para que en la traducción no se perdiera el significado de la historia. Para los que parlan” el inglés” y para los que lo machucan es una oportunidad para practicarlo.

Lo he titulado “Yearnings, A Collection of Short Stories” o Añoranzas,” Una colección de cuentos cortos. Es una colección de 32 cuentos, los que considere mis mejores. La portada del libro, una linda caída de sol, un bello atardecer en la Playa de Asilomar, California, es también un cuento (el 33), pero ese se lo tendrán que contar ustedes, mas ahora que estamos en el ocaso de nuestras vidas. Algunos han sido reescritos, nuevos títulos y algunos nuevos como: Lola’s Story, Yearnings, I Guess I Am on My Own now, my Samovar “My Samovar “es una mini novela de las que podría interesar a Octaviano, trata de la vida de un ruso y como se escapa de la Unión Soviética. 

Ya esta disponible en Amazon. También se puede obtener por medio de la empresa editorial: iUniverse.com (Bookstore)

Cuando nuestro compañero y amigo, Oscar Terán (q.e.p.d) se enteró de la publicación del primero me escribió, “compre tu libro, para que te ganaras unos bollos”. Bien intencionado el Oscar, pero con los “bollos” que logre con la venta de ese libro, no me alcanzó ni siquiera para comprarme un “bollo” de pan, pero como dice Simeón, no vivo de la pluma.

Les adjunto la portada y la contra portada del libro, y si Amado Salvador desea incluirlo en la pagina del colegio, se lo voy a agradecer.

Un saludo cordial y deseándoles buena salud en unión de vuestras familias, Ya tu ves Carlos, siempre hay alguien que escribe, 

Armando

Simeón Rizo, 25 de agosto de 2019: Hola, amigos

No he metido mi cuchara porque no tengo internet en la Galia donde paso mas tiempo

¿Si no entiendo mal el libro es la traducción al inglés de los cuentos que leímos en español? Si no es así, y aunque así sea, lo buscare para leerlos.

De todas formas, ya conocemos la altura de los escritos de Armando, que posiblemente por ese libro nos había dejado huérfanos de sus lecturas.

Alabada sea Santa Teresa de Ávila patrona de los escritores.

Eso es para dulcificarles el oído a los viejitos que creen todavía en la sabiduría eclesial

Sobre Mameyes, bollos, bollos, zapotes, mangos mechudos, papayas y otras onomatopeyas, es lógico que vengan a la mente de amigos testo deficientes, por la maldita vejez. Castigo de la naturaleza por mal portados. Pero, en fin, nadie nos puede quitar lo bailado ni suprimir nuestros sueños.

Por otra parte, que bendición la del ocio, que nos aleja del negocio, y nos permite usar nuestro tiempo, lo único que tenemos, en divagaciones y pensamientos filosóficos.

Los hombres, nada tenemos, nacimos desnudos y así nos iremos, lo único nuestro, y prestado, es el tiempo. Úsemolo, pues como el agua entre los dedos, se nos va

Vagaremos infinitamente en el espacio del inconsciente, sin memoria, sin futuro ni pasado y menos presente.

Aprovechemos que existimos y la forma de comprobarlo es cuando recibimos noticias de nuestros amigos y compañeros. Entonces vivimos todavía

Felicitaciones Armando, con tus libros te vuelves inmortal pues salvo catástrofes, estarás viviendo en ellos

Ave Armando “moritorum salute” “Carpet diem tamtum letum present est”

José Aburto, 8 de Septiembre 2019:

Buenas tardes, Armando y demás amigos lectores, miembros del Club del Sol Poniente, gracias por haber venido a contemplar el Ocaso del Sol sobre la portada de “Yearnings”. Había prometido   escribir algo después de leer el libro; Pero, después de darle el primer vistazo, a vuelo de pájaro pescador, me encontré ante varias alternativas: comentar los cuentos uno por uno, separarlos en categorías antes de comentarlos, comentar mis favoritos, los más nicas, los mejor logrados, etc. 
Teniendo en cuenta las opciones, decidí comentar el cuento #33, porque puede leerse en cualquier idioma y lleva un número significativo para mí: los 33 años que mi mejor Amigo vivió en este mundo. Además, el cuento #33 resume la esencia de Yearnings, que es le esencia del autor y la del lector, esencia que es anhelo, ansiedad ardiente: yearning. En el desfile de la vida vamos como el niño del cuento: anhelando lo que siempre está más allá de nuestro alcance.
Díganme ustedes si no es así. ¿No es cierto que en la portada de Yearnings estamos contemplando el ocaso de nuestro propio yearning? 
Esa contemplación me inspira a entonar una canción 
que dedico al OCASO DE DIOS.
Así pues, si la esencia del cuento es la misma del autor y del lector, puedo decir que cuando Armando III, fotografió el sol poniente, captó la imagen de su padre y la suya propia, y también la del que escribe y la del que lee. 
Si me detengo a pensar, veo que con el nacimiento de un ser humano, nace una nueva aventura: nace un nuevo sol destinado a iluminar el mundo, para que al final de la jornada se ponga sobre el horizonte de un mar desconocido. Lo escrito no es un sueño que leí en el Diario Vespertino, es un hecho por siglos conocido de los pocos sabios que en el mundo han sido.
Pero, la pregunta urgente surge abrasadora desde el fondo oscuro del abismo: Después del ocaso ¿volverá a salir el sol?
Hay soles humanos que escogen irradiar tinieblas en vez de luz, porque el delirio causado por el veneno de la víbora les hace creer que las tinieblas son mejores que la luz. Esa es la gran mentira que la víbora inyecta con su veneno en el corazón del sol humano; la víbora que los mordió en el Edén cuando se arrimaron al prohibido árbol de mamey. (¿o era de zapote?)
La portada de los cuentos de esos soles oscuros es la noche oscura, como oscuro es su amanecer. No es extraño que afirmen que el sol que se pone no volverá a aparecer jamás.
Me doy cuenta que, al comparar el sol con el sol humano, no hice justicia al valiosísimo sol humano, el cual tiene un precio más elevado que las más altas estrellas del firmamento.
Pero, ¿cómo puedo yo hablar del precio del sol humano, si a duras penas puedo dar algún sentido a las frases que escribo?
Armando, tú sabes que yo nací ignorante de esas cosas, y que después de haber visto más de 32 mil ocasos, todavía sigo siendo tan ignorante como entonces. Si por un lado afirmara que no sé y por otro lado dijera que sé, me metería en un berenjenal: estaría en contradicción conmigo mismo.
Para eludir el berenjenal, lo que hago es preguntar al que sabe, al que hizo ambos soles: al humano y al sol sol.
Los que estudiamos en el CCA, vimos y palpamos la respuesta en todas partes; increíble, pero cierto, la vimos hasta en la cantina del pirata Montuenga. Siendo yo de los viejitos que todavía creen que el sol poniente vuelve a salir, guardo con esmero la respuesta en la pared, arriba de mi escritorio. Me refiero al Crucifijo.
¿Qué es el Crucifijo?
El Crucifijo es una fotografía del ocaso de Dios sobre el horizonte rojo sangre de la cruz, que ilustra y sirve de portada al libro que narra el inigualable cuento de amor, escrito por el mismo Dios. 
Una víbora de bronce clavada en un palo, que prefigura el crucifijo, fue levantada por Moisés en el desierto mil doscientos años antes del Crucifijo del Calvario. 
Y, ¿qué dice el Crucifijo?
Que Dios, teniendo todas las opciones en su mano, escogió la forma más ignominiosa y cruenta de dar su vida, para satisfacer el anhelo, la ansiedad ardiente, el “yearning” que urge al sol humano de saber el precio de su propia existencia. Dar la vida por satisfacer la ansiedad del amigo es la mayor prueba de aprecio al amigo. ¡Dios, apreció su vida en menos valor que la ansiedad del amigo! ¿Será posible que Dios se haya rebajado a tanta locura? El Crucifijo dice que sí.
Ya la prefigura del desierto decía, que Dios se rebajaría hasta representar la víbora del Edén, con tal de sanar al amigo del veneno de la víbora. Una mirada a la prefigura salvaba de la muerte al mordido por la víbora.
Juanocho, Baltasar, Buddy, Juan Garuba, Lola, cada uno de ellos pudo haber dicho con razón: La gente me llama basura, pero Dios piensa que vale la pena morir por mí.
El testimonio del Crucifijo me da la certeza de que, mi existencia, apreciada por Dios más que su propia vida, seguirá siendo existencia aún después de mi propio ocaso. Porque mi ocaso iluminado por la luz del Sol divino ha sido transformado en ocaso de Dios y la vida de Dios en vida mía.
Mi propio “yearning” es, que al autor y a todo el Club del Sol Poniente, reunidos hoy frente la portada para contemplar el Ocaso de Dios, los ilumine la misma luz que ilumina al pájaro pescador que escribe. Esa misma luz que es fortaleza en los momentos difíciles, brisa en las horas de fuego, guía en los callejones sin salida. Y, que en los duelos reconforta.
Miembros del Club, que la portada de vuestros cuentos no sea el veneno de la noche oscura sino la luz del Ocaso divino. Así la reunión de febrero del 20 no será la última, será sólo un pálido bosquejo de la alborada definitiva. En esa alborada definitiva la reunión será en traje de clavar y con la existencia transfigurada en luz. Ya no habrá preguntas urgentes; el convite será fraternal y todo “yearning” será colmado, con medida completa y bien encopetada.
Colorín colorado, la canción al Ocaso de Dios, ha terminado.
Gracias, Armando, por escribir “Yearnings” y por ilustrarlo con el Ocaso del Sol, garantía infalible de un esplendoroso amanecer. 
Gracias a ti, y también a los otros miembros del Club, por escuchar la canción al Sol poniente, entonada por el alcatraz rezagado, que por rezagado no alcanzó a formar fila en la portada del libro, con los miles que ya volaron sobre la playa de Asilomar.
José Aburto

Alberto Quiroga García, Septiembre del año 2019: El prolífico escritor: Armando J. Calonje M, nos sorprende con la entrega de un nuevo trabajo literario. Se trata de una colección de historias cortas (Short Stories), editado muy pulcramente por Ediciones iUniverse que contiene 32 cuentos, todos ellos bien logrados y cuidadosamente seleccionados para hacer parte de ella.

            Cada historia cuenta, minuciosamente, los entresijos de la vida de cada uno de sus personajes y las consecuencias de una trama que suele ser a veces divertida, y otras hasta trágica, pero no por ello pierden su propia identidad, en cada caso. 

            Con precisión y paciencia Armando relata la trama principal de sus cuentos, sugiriendo al lector que se sumerja en una verdadera galaxia de las condiciones propias de la personalidad de cada uno de los actores del cuento. Es, sin pretender magnificar la temática expuesta, notable su habilidad descriptiva que permite, casi siempre, que la narración fluya y se adentre también a descubrir el alma humana.

            De modo general los cuentos, que hacen parte de esta edición, son amenos, bien estructurados. Identifican, con propiedad, vivencias y situaciones reales que son válidas gracias a la descripción acertada del autor, que además tiene el mérito de haberlos, en algunos cuentos, rescatado del pasado. 

            Los cuentos, incluidos en el libro, se muestran como fáciles de entender, como historias por partes, que se desenvuelven con soltura, de temas y situaciones que se quieren contar y al mismo tiempo develar otras pequeñas historias. Hay habilidad en la descripción, hay un buen propósito de situar a los personajes adecuadamente, ellos quizá ficticios, para revestirlos de presencia en el tiempo presente. 

            Las Historias Cortas, que contiene el volumen, y que ha sido editado en idioma inglés, están escritas con sencillez, aunque muy ajustada a su ya conocida habilidad descriptiva, con muchos registros de experiencias propias, lo que ciertamente con esa temática y el entramado literario, que presenta, ha debido ser un fuerte desafío a la traducción.

            Esta nota y comentarios, no es por cierto una recensión de la obra, es solo poner en claro el propósito de esta publicación y dejar dicho un comentario positivo. 

            Mi relación con el autor viene de largo, conozco las habilidades literarias y su devoción por cultivar las letras, precisamente por ello es que me permito hacer comentarios precisos sobre la obra, que para mí tiene el mérito de entrelazar experiencias antes vividas, tradiciones de su natal Nicaragua, nuevas  experiencias habidas en su tránsito al país de las oportunidades y las expectativas de una nueva forma de vida en un medio que no  es habitualmente al suyo, así como nuevas experiencias al momento de desplazarse a aquel pacífico océano del oeste. 

            Cita con acierto una frase que da marco al título de su obra: Yearnings…cuando el personaje principal del cuento: Ignacio decía: “mis memorias no son importantes, ellas son solamente mías. Mis memorias son solamente una quimera… 

            Calonje, con éste su libro logra que sus memorias no sean solo suyas, sino que las comparte con nuevos conceptos, con anécdotas ilustrativas, recuperando instancias inmediatas, con nuevos caracteres, nuevos significados y hasta nueva proyección en sus escritos, mejorando el antecedente. Es aquí precisamente donde cabe pensar que los “anhelos” (Yearnings) de extender sus memorias se dan a cabalidad.

José Aburto (2), 10 Octubre 2019

THE GREAT DIVIDE Y LAS LAJAS

¿Qué activista o político, guardián del “environment”, no ha hecho lo que hiciste tú, Armando: arrojar el desecho de la manzana al “Gila Monster” del desierto? ¿Acaso no son alimentos preferidos del monstruo los desechos, arena, “sagebrush” y “tumbleweeds”?   

         Mientras recorría “Yearnings” de Este a Oeste, encontré tres cuentos que no había leído antes:

  • “The White Linen Dress:” Al leerlo sentí, los “large razor-sharp fangs of the black dog”, penetrar hondo hasta el corazón, porque me recordó las páginas 137-139 de Tales.
  • “The Streetcar: Describes magistralmente en él a “Sister” Verónica. Ella, desde su primera aparición presenta tarjeta ID de miembro activo de la orden del Padre Gatica: “Her sad look, pensive, deep as if gazing into an endless tunnel, where something is missing“. Estos son todos ellos rasgos que delatan a quien personifica a una “religious sister” sin serlo, y de quien se espera que a la vuelta de la esquina se quite el disfraz. 
  • I guess I am on my own now!” Es una narración muy bien lograda, que mantiene el interés del lector de principio a fin. Con todo derecho debes sentirte orgulloso de haber hecho la travesía, y, lo más importante: de haberla hecho con tu hijo. Te felicito por tres logros: por el viaje, por la narración del viaje y por levantarme el espíritu, con lo uno y lo otro, más arriba de los 12 mil pies.

         Lo que voy a escribir a continuación no es un comentario a tu cuento sino un recuento de ideas, sentimientos, experiencias y preguntas, que tu cuento suscita en mí, mientras voy paso a paso haciendo mi propia travesía. Espero que mi escrito tenga algún sentido para ti; si no, por lo menos ten la certeza de que fue inspirado por la amistad sincera que un viejo amigo tiene por otro no tan viejo. Todo nació al oírte mencionar la Great Continental Divide, esa muralla me hizo pensar en la Great Divide que divide a nuestro país adoptivo.

         Era el once de Sept. del 2001; Ana Soto, (mamá, así la llamaba yo por ser ella excelente madre y madre también de mi esposa Reyna), llama en el teléfono con urgencia. “Enciendan la televisión”, nos dijo.

         Una de las torres aparecía en llamas. Un avión se enfilaba hacia la otra torre. Incertidumbre, aullido de sirenas, gente huyendo, humo, ceniza, confusión, mucha confusión.

         Aturdido e incrédulo de lo que veía, salí al patio de mi casa en “Fredson Court”; era ya tarde, la mañana entera la había pasado frente al televisor sin sentir hambre ni sed de nada. Estando en San Francisco, no me extrañó que hubiera neblina baja, pero sí me extrañó que pudiese ver a gran distancia porque toda la tierra era plana y ni la neblina ni nada obstruía la visión. En el lejano oriente, dos columnas paralelas de humo desaparecían al penetrar las nubes del cielo, al mismo tiempo que un compás ronco hería los oídos: el compás de los cuerpos que caían sobre el cemento.

         Al día siguiente, cuando salí para ir a Misa, mi vecino estaba junto a la puerta de su casa con una niña pequeñita en sus brazos: — Good morning, Lance, le dije. — Buenos días, compadre, me respondió muy amistoso. ¡Qué raro! pensé yo. Lance siempre responde, good morningentre dientes, y eso sólo cuando lo acorralo con mi saludo. Lance, sin habérmelo dicho, me ha dado a entender que el menudo mejicano no es su plato favorito.

         Cuando llegué a la iglesia la encontré repleta de gente de toda edad, no había banca vacía. ¡Qué raro! pensé yo. La iglesia de Corpus Christi siempre está vacía, sobre todo el hump day. ¡Cómo cambian las cosas!

         ¡Ojalá que los que murieron quemados en las torres y los que cayeron de ellas hayan tenido tiempo de cambiar y purificar sus corazones de las cosas que no favorecían la paz, la libertad y la unidad!

         En los días siguientes flotaron banderas blancas en todas las trincheras, hasta en los barrios arriesgados de Hunters Point, Fillmore, Tender Loin and East Oakland. Dondequiera la gente era más polite que antes, todos parecían cobijarse amigablemente bajo la misma bandera rojo, azul y blanco.

         Desgraciadamente, esa manera de proceder duró poco tiempo; muy pronto todo volvió a lo que había sido antes y mucho peor. Esa fue la última vez que la tierra americana se allanó from sea to sea; fue la última vez que la patria hizo honor a su nombre de unidad, de paz y libertad. Muy pronto el pueblo trastornó el significado de los vocablos, the great language divide was here to stay: libertad ya no es poder hacer lo fundamentalmente bueno sino hacer lo que cada uno quiere. Paz es acumular armas de asalto. Unidad es neutralizar a quien no sea del color de su bandera. 

         The Great Divide es hoy mucho más infranqueable que la Great Continental Divide que cruzaste en junio del 2007.

         ¿Qué es la Great Divide? Es la montaña que separa los ríos que fluyen para abajo, de los que fluyen para arriba. ¿Ríos que corren hacia arriba?

         Sí, Armando, parece locura, pero es cierto, hay ríos que suben. Son pocos; siempre han sido pocos. Ellos forman la Gran Paradoja: Son los que en la guerra conservan la paz; en la esclavitud tienen libertad, y en la discordia mantienen unidad.

         Los ríos que bajan son muchos y caudalosos.

         Armando, en tu cuento mencionas el stench of cow manure in the valley off Interstate 5. “I drove through that stench several times with all the windows shut and the gas pedal all the way to the floor.” Pero aquí no me refiero a ese lugar sino a San Francisco, la ciudad que fue mi centro de fechorías durante 43 años, que, pese a su santo nombre, a su belleza natural y a la gente excelente que también reside allí, “smells like cow manure” y es el desembocadero de los ríos que bajan. Lo peor de todo es que los que causan el “stench”, no lo notan porque se han acostumbrado a él. 

         “Clean the environment”, es el grito de los políticos y activistas, mientras lo más sagrado del environment, el corazón humano, está contaminado con asesinatos de niños descuartizados en el vientre de las madres. ¿Dónde quedó el mandato de nuestro Amigo: “el que no tenga pecado que tire la primera piedra”? Esos señores, no hablan de las drogas anticonceptivas, ni de las que causan aborto, que acaban por ser nocivas para la misma persona que las usa, y que tarde o temprano contaminan el agua de los lagos y ríos, con resultados catastróficos para los animales que dependen de ellos. 

         Las causas del “great stench” son innumerables, no más menciono el aborto por ser éste un crimen horrendo: Imagínate los genios, los científicos, lideres, artistas . . . que la humanidad sacrifica cada día a Moloch, a Baphomet, al monstruo. Recordemos que “cada niño que nace es una nueva historia y un nuevo sol para iluminar el mundo”. Sin embargo, a los ríos que bajan no les importa, siguen su curso cuesta abajo sin medida y sin reparo alguno. ¡Quien acumule AK-15s jamás encontrará paz!  ¡Quien corre tras la droga, el sexo, el dinero mal habido, jamás encontrará libertad!  ¡Quien se aferre en hacer su propia voluntad jamás encontrará unión!

         Entonces, ¿la batalla por limpiar el environment está perdida? ¿Tendremos que acostumbrarnos a respirar siempre el “stench del cow manure?”

         No, mi amigo y apreciado compañero de viaje, la solución está escrita en el pallete ofcolors of rock formations en las caprichosas faldas de la Sierra Madre, columna vertebral de las Américas. ¡Qué belleza de colores que los siglos no borran porque penetran hasta el corazón de la Roca, (laja como decimos también)! Y, ¡pensar que estuve nueve años, a pocos kilómetros de distancia de esa maravilla, sin haberla visitado! Entonces no conocía su existencia; ahora me conformo con apreciarla en la fotografía que cuelga de la pared de mi cuchitril. 

         Quedaría muy corto si me pusiera a describirla; si no la conoces y deseas verla pregunta a la compu por “Images” of Nuestra Señora de Las Lajas, Ipiales, Colombia”. Pero, ten en cuenta que como en tu libro de cuentos, las palabras sólo llegan hasta el pretil del pozo. Lo que cambia las cosas en el corazón del lector y lo torna como el de un niño recién nacido, no lo puede captar ni la cámara fotográfica ni la palabra.

         La antigua mujer, Eva, nos metió en el “stench” en que vivimos: nos trajo la guerra, la esclavitud y la desunión. La nueva Mujer, La Virgen María, con su hijo Dios, purificó el ambiente allí donde desembocan los ríos que suben, la Great Divide de la montaña llamada de la calavera; la que fue testigo del Ocaso de Dios y de su eterno amanecer.

         La imagen de la Virgen María, impresa en las lajas por manos invisibles, entrega el rosario al predicador para que anuncie con él la vida, muerte y resurrección de su Hijo; y el Hijo pequeño sentado en el trono del regazo materno, entrega la soga al fraile para que ate y domestique al lobo sanguinario que, desde el día de la manzana mordida, habita en los recovecos del “sol” humano. 

         La Virgen María estuvo de pie frente al Ocaso de Dios donde ella vive hoy en la aurora que no tiene ocaso. Es justo que ella, la nueva Mujer, sea la que aplaste la cabeza del monstruo come manzana, desechos, arena, “sagebrush y tumbleweeds”; el mismo monstruo que envenena el ambiente con el “stench” de “cow manure”.

         En los barrancos oscuros, albergue de la cueva del monstruo, y donde el río corre hacia abajo, hoy se yergue acogedora la magnífica basílica de Nuestra Señora de las Lajas.

         La mano invisible que imprimió la imagen del Hijo y la Madre, en la laja dura ¿No podrá imprimirla en el corazón de piedra del político y activista que trae al país, guerra, esclavitud y desunión? 

         La promesa está grabada y ratificada en laja: con político o sin él, con activista o sin él, con nosotros o sin nosotros, donde hay guerra reinará la paz, donde hay esclavitud brillará la libertad y donde hay discordia vencerá la unidad, y el environment será inmaculado, principiando por el corazón humano.

         Gracias, Armando por describir y escalar the Great Continental Divide; saludos y un fuerte abrazo, de paz, de unidad y de libertad; todo eso en “extra clean environment”. José Aburto, vuestro compañero de travesía. Octubre 1, 2019

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.