Hay que parar a Maduro

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Recientemente Nicolás Maduro amenazó con armar a un millón de milicianos para contener las protestas populares que se están dando en Venezuela por motivo de la crisis humanitaria.

De todos los disparates de Maduro, esta es quizás la más peligrosa.

Michael Ignatieff, profesor de historia de Harvard,  nos dice que toda nación que se precie de ser seria debe tener un Estado fuerte, con un ejército profesional bajo el mando de oficiales preparados, para tener el monopolio de la violencia y poder imponer y controlar el orden.

En otras palabras, el monopolio de la violencia es indispensable en todo país organizado.

Que lo peor que le puede suceder a un país es convertirse en un Estado fallido, en el sentido de que pierda el control de la violencia y que ésta quede en manos de combatientes irregulares.

“Los ejércitos profesionales enseñan a matar, cierto, pero también a contenerse y disciplinarse, con el objetivo de canalizar la agresividad a través de rituales; sólo las normas morales redimen la guerra”, nos dice Ignatieff.

Por su parte, los anales de la Cruz Roja Internacional reportan que, después de la Guerra Fría, los conflictos donde más se ha visto la barbarie, han sido aquellos donde los combatientes pertenecen a ejércitos irregulares (civiles armados, tribus, milicias populares, mercenarios, etnias, grupos religiosos fanáticos).

La CRI tiene extensos y patéticos reportajes documentados de su experiencia en la antigua Yugoeslavia, Serbia, Croacia, Ruanda, Somalia, Afganistán, Irak, y otros lugares del mundo, donde han podido comprobar esa aseveración.

El problema es que los guerreros irregulares respetan cada vez menos las normas morales; y desconocen los Acuerdos de Ginebra, que regulan el derecho internacional humanitario. No se sienten comprometidos a respetar sus normas.

La experiencia de la CRI es que cuando la guerra se convierte en un coto vedado de ejércitos privados, gánsteres y paramilitares, la distinción entre enfrentamiento bélico y barbarie, pierde sentido.

Volviendo a Maduro: repartir armas entre civiles, es una gran irresponsabilidad, que sólo puede conducir a más violencia, a matanza de inocentes, a la guerra civil, o al caos.

Convocar por sí y ante sí a una Constituyente con el evidente propósito de disolver los poderes del Estado, derogar la Constitución vigente para que no haya elecciones y concentrar el poder absoluto de manera indefinida, es una estratagema burda que ya no cabe en estos tiempos. Es algo así, como decir: “El Estado soy yo”, al mejor estilo de Luis XIV.

Maduro está fuera de época.

Pero lo más preocupante es que está aferrado al poder, se niega a soltarlo porque tiene miedo. Es la única explicación a ese desatino de llamar a una Constituyente, sabiendo que  el 80% del pueblo lo adversa.

Y aquí está el punto. Se siente acorralado, porque sabe que debe rendirle cuentas al pueblo. Y el miedo lo hace doblemente peligroso.

La intención de armar a una parte de la población (minoritaria) para que agreda al resto que está desarmada, puede constituir un crimen de lesa humanidad, de acuerdo al Estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional.

Y no sólo es un crimen, es una insensatez. Es colocar a los seres humanos al nivel de las bestias, para que se maten y se destrocen.

La comunidad internacional tiene que intervenir antes de que sea tarde. Hay que parar a Maduro, antes de que se cometa una matanza de inocentes desarmados, que lo único que están pidiendo son elecciones libres para poder cambiar pacíficamente el gobierno y el sistema que los está agobiando.

Y no estoy invocando una intervención armada, que conste. Me refiero a que en un mundo interdependiente como es ahora, las presiones internacionales políticas, económicas, financieras, diplomáticas, pueden ser tan fuertes, que son capaces de doblarle el brazo a cualquier gobernante.

Me refiero a ejercer una presión suficiente como para obligar a Maduro a negociar su salida a cambio de una justicia transicional (aunque no nos guste), pero parece ser la única solución, antes del caos o un golpe de Estado.

Hay que hacer algo antes de que venga el caos. Porque es lo que probablemente va a suceder, una vez que Maduro entregue armas a la población, considerando que Venezuela es uno de los países más violentos del mundo.

El futuro inmediato de Venezuela, pues, va a depender de la actitud de la comunidad internacional, y de que el pueblo venezolano siga en las  calles protestando cívicamente.

Mis respetos para ese pueblo, que está sirviendo de ejemplo para todos los demás pueblos que estamos en circunstancias similares. Los pueblos latinoamericanos esperan que ese ejemplo de civismo, de democracia, de los venezolanos, rinda resultados y nos aliente a todos.

Que nos convenzamos que es posible sacar del poder a una dictadura que se aferra al poder, sin necesidad de acudir a las armas. ¡Ojalá!

Tomás Delaney
Managua, domingo 7 mayo 2017

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.