Jairo Moncada

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Atención de Jairo MoncadaSucedió a raíz del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York

Lunes, 2 de mayo de 2016

 

En la mañana del martes, 11 de septiembre de 2001  estábamos a 5 horas de Frankfurt, volando sobre el Atlántico Norte. De repente las cortinas se abrieron y me dijeron que fuera a la cabina del piloto, de inmediato, a ver al capitán.

Tan pronto como llegué allí me dí cuenta al mirarlos a la cara que estaban preocupados.

El capitán me entregó un mensaje impreso de la oficina principal de Delta en Atlanta y simplemente decía:

"Todas las vías aéreas continentales de los Estados Unidos están cerradas al tráfico aéreo comercial. Aterrizar lo antes posible en el aeropuerto más cercano. Avise a su destino."

Nadie dijo una palabra acerca de lo que esto podría significar. Sabíamos que era una situación grave y que necesitábamos encontrar tierra firme rápidamente.

El capitán determinó que el aeropuerto más cercano estaba 400 millas detrás de nosotros en Gander, Terranova. Pidió la aprobación de un cambio de ruta de tráfico al controlador de Canadá y se le concedió de inmediato – sin hacer preguntas.

Más tarde nos enteramos, por supuesto, por qué no había duda en la aprobación nuestra solicitud.

Mientras la tripulación de vuelo preparaba el avión para el aterrizaje, llego otro mensaje de Atlanta para decirnos acerca de algunas actividades terroristas en el Área de Nueva York.

Unos minutos más tarde llegó la noticia acerca de los supuestos secuestros.

Decidimos mentir a los pasajeros mientras estábamos todavía en el aire.Les dijimos el avión tenía un problema sencillo de instrumentos y que era necesario aterrizar en el aeropuerto más cercano, en Gander, Terranova.

Prometimos dar más información después de aterrizar en Gander.

Hubo muchas quejas de los pasajeros, ¡pero eso no es nada nuevo!

Cuarenta minutos después, aterrizamos en Gander. La hora local de Gander era 12:30 PM, en la noche.

Había cerca de otros 20 aviones de todo el mundo en tierra que habían sido desviados de su camino hacia los EE.UU.

Después de que aparcamos en la rampa, el capitán hizo el siguiente anuncio: "Damas y caballeros, ustedes deben estar preguntándose si todos estos aviones a nuestro alrededor tienen el mismo problema de instrumentos como nosotros. La realidad es que estamos aquí por otra razón."

Luego pasó a explicar lo poco que sabíamos acerca de la situación en los EE.UU.

Hubo fuertes jadeos y miradas de incredulidad.

Los pasajeros fueron informados por el capitán que el control de tierra en Gander nos pidió que los aviones nos quedáramos quietos.

El Gobierno de Canadá estuvo a cargo de nuestra situación y no permitió bajar a nadie del avión.

Tampoco se le permitió acercarse a nadie.

Sólo la policía del aeropuerto venía periódicamente, nos miraba por encima e iba al siguiente avión.

En la siguiente hora aterrizaron más aviones y Gander terminó con 53 aviones de todo el mundo, de ellos, 27 jets comerciales de EE.UU.

Mientras tanto, las noticias comenzaron a llegar por el radio de la aeronave y por primera vez nos enteramos de los aviones que fueron volados contra el World Trade Center de Nueva York y contra el Pentágono en Washington DC.

La gente estaba tratando de utilizar sus teléfonos celulares, pero no fueron capaces de conectarse debido a un sistema celular diferente de Canadá.

Algunos lograron hacerlo, pero sólo pudieron llegar al operador canadiense que les dijo que las líneas a los EE.UU. estaban bloqueadas.

En algún momento de la noche, se filtró la noticia de que los edificios del centro de comercio mundial se habían derrumbado y que un secuestro había dado lugar a un accidente.

Por ahora, los pasajeros estaban emocional y físicamente agotados, y asustados, pero todo el mundo se quedó sorprendentemente tranquilo.

Sólo tuvimos que mirar por la ventana a otros 52 aviones varados para damos cuenta de que no éramos los únicos en esta situación.

Nos habían dicho que permitirían bajar a la gente de un avión a la vez.

A las 6 de la tarde, el aeropuerto de Gander nos dijo que a nosotros nos tocaba descender a las 11 a.m. de la mañana siguiente.

Los pasajeros no estaban contentos, pero simplemente se resignaron a esta noticia sin mucho ruido y comenzaron a prepararse para pasar la noche en el avión.

Gander nos había prometido atención médica, si era necesaria, agua y lugares de aseo y fueron fieles a su palabra.

Afortunadamente no tuvimos situaciones médicas de las que preocuparse.

Tuvimos una joven que tenía 33 semanas de embarazo.

La noche transcurrió sin incidentes a pesar de los incómodos arreglos para dormir.

Cerca de las 10:30 de la mañana del día 12 un convoy de autobuses escolares llegó.

Nos bajamos del avión y nos llevaron a la terminal donde pasamos a través de Inmigración y Aduanas y luego nos registramos en la Cruz Roja.

Después que a nosotros (la tripulación), nos separaron de los pasajeros fuimos llevados en furgonetas a un pequeño hotel.

No teníamos ni idea de a donde se dirigían nuestros pasajeros.

La Cruz Roja nos dijo que la ciudad de Gander tenía una población de 10,400 personas y ahora tenían otros 10,500 pasajeros que cuidar de todos los aviones que fueron forzados a aterrizar en ese lugar.

En el hotel nos dijeron que simplemente nos relajáramos y que nos contactarían cuando los aeropuertos de Estados Unidos abrieran de nuevo, pero no esperaban esa llamada por un tiempo.

Después de llegar a nuestro hotel y encender la TV, nos enteramos del alcance total del terror, 24 horas después de que todo empezó.

Mientras tanto, teníamos mucho tiempo en nuestras manos y nos pareció que la gente de Gander era extremadamente amable.

Nos empezaron a llamar “la gente del avión."

Disfrutamos de su hospitalidad, exploramos la ciudad de Gander y pasamos entretenidos el tiempo.

Dos días más tarde, llegó el llamado y nos llevaron de vuelta al aeropuerto Gander.

De vuelta en el avión, nos reunimos con los pasajeros y descubrimos lo que había estado sucediendo durante los últimos dos días.

Lo que descubrimos fue increíble: Gander y todas las comunidades de los alrededores (un radio de 75 kilómetros) habían cerrado todas las escuelas secundarias, salones, casas de campo y cualquier otro lugar grande de reunión. Convirtieron todas esas instalaciones en zonas de alojamiento para todos los viajeros varados. Algunos tenían camas, sacos de dormir y almohadas.

Se requirió que todos los estudiantes de la escuela preparatoria cuidaran de forma voluntaria a los "invitados".

Nuestros 218 pasajeros terminaron en un pueblo llamado Lewisporte, alrededor del 45 kilómetros de Gander donde fueron llevados a una escuela secundaria.

Si alguna mujer quería estar en un local solo para mujeres, así fue arreglado.

Las familias se mantuvieron juntas.

Todos los pasajeros de edad avanzada fueron llevados a casas particulares.

¿Recuerda a la joven embarazada? Ella se puso en un hogar privado, justo al otro lado de la calle de un centro de atención de urgencia durante 24 horas. Hubo un dentista de guardia y enfermeros, tanto hombres como mujeres se quedaron con la multitud durante todo el tiempo que estuvieron allí.

Las llamadas telefónicas y correos electrónicos a los EE.UU. y alrededor del mundo estaban disponibles a todo el mundo una vez al día.

Durante el día, se les ofrecieron a los pasajeros viajes de "excursión".

Algunas personas se fueron en los cruceros en barco por los lagos y puertos.

Algunos se fueron a caminar en los bosques locales.

Las panaderías locales permanecieron abiertas para hacer pan fresco para los huéspedes.

La comida fue preparada por todos los residentes y llevada a las escuelas.

A algunas personas se les condujo a los restaurantes de su elección y se les ofrecieron maravillosas comidas.

A todo el mundo le dieron fichas para lavar su ropa en las lavanderías locales, ya que el equipaje todavía estaba en el avión.

En otras palabras, fueron satisfechas cada una de las necesidades de los viajeros varados.

Los pasajeros lloraban mientras contaban esas historias.

Por último, cuando se les dijo que los aeropuertos de Estados Unidos habían reabierto, llegaron al aeropuerto justo a tiempo y ni un solo pasajero faltó o se retrasó.

La Cruz Roja local tenía toda la información sobre el paradero de todos y cada uno de pasajeros y sabía en qué avión necesitaban estar y cuándo salían todos los aviones.

Ellos coordinaron todo muy bien.

Fue absolutamente increíble.

Cuando los pasajeros subieron a bordo, era como si hubieran estado en un crucero.

Todo el mundo se conocía por su nombre.

Estaban intercambiando historias de su estancia, impresionando a los demás con quienes tuvieron el mejor tiempo.

Nuestro vuelo de regreso a Atlanta parecía un vuelo fletado.

Los pasajeros se llamaban uno al otro por su primer nombre, se intercambiaron números de teléfono, direcciones y direcciones de correo electrónico.

Y luego algo muy inusual sucedió.

Uno de nuestros pasajeros se me acercó y me preguntó si podía hacer un anuncio por los altoparlantes

Nosotros nunca, nunca permitimos que eso. Pero esta vez fue diferente. Le dije "adelante" y le entregué el micrófono.

Cogió el micrófono y recordó a todos, lo que acababan de vivir durante los últimos días.

Les recordó la hospitalidad que habían recibido a manos de extraños.

Continuó diciendo que le gustaría hacer algo a cambio por la buena acogida que tuvieron de la gente de Lewisporte.

Dijo que él iba a establecer un fondo fiduciario bajo el nombre de DELTA 15 (nuestro número de vuelo).

El propósito del fondo fiduciario era proporcionar becas universitarias para los estudiantes de secundaria de Lewisporte.

Pidió donaciones a sus compañeros de viaje, del importe que cada uno de acuerdo a sus posibilidades pudiera.

Cuando regresaron a nosotros los papeles con los montos de las donaciones, nombres, números de teléfono y direcciones, el total era de más de US$ 14,000 dólares!

El caballero, un médico de Virginia, se comprometió a igualar las donaciones e iniciar el trabajo administrativo de la beca.

También dijo que transmitirá esta propuesta a Delta Corporativo y les pediría que ellos también donaran.Al momento de escribir este relato, el fondo fiduciario era de más de US$ 1.5 millones y ha ayudado a 134 alumnos en su educación universitaria.

Sólo quería compartir esta historia porque necesitamos buenas historias.

"Me da gran esperanza saber que algunas personas de un lejano lugar fueron amables con algunos extraños que, literalmente les cayeron del cielo."

Esto me recuerda todo lo bueno que hay en el mundo.

A pesar de todas las cosas podridas que vemos que suceden, esta historia confirma que todavía hay gente buena en el mundo y cuando las cosas se ponen mal, ellos vendrán a ayudar.

Esta es una de esas historias que necesita ser compartidas. Por favor hágalo!

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.