Tolerancia y Cultura de Paz

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

TOLERANCIA Y CULTURA DE PAZ

Varias personas insisten en la importancia de la tolerancia, y sobre la necesidad de construir una cultura de paz.

Sostienen que nadie es dueño de la verdad, que todo mundo tiene derecho a pensar o creer lo que quiera. Que la intolerancia religiosa o ideológica, nos lleva a la confrontación política y a la destrucción económica; e incluso a refriegas sangrientas, al terrorismo y a la guerra.

Si lo vemos así, tienen razón.

Sin embargo, no siempre la tolerancia es lo mejor, no siempre es aconsejable. Hay que tener cuidado en el manejo de la tolerancia.

Los detentadores del poder, los tiranos, los que están aferrados al poder, a los que les conviene que el estatu quo –que les favorece–, se mantenga, son los que más invocan la tolerancia. Rechazan todo cambio.

Cualquier rebelión, cualquier manifestación de descontento, la reprimen con violencia, dicen que tratan de desestabilizar al gobierno, e invocan la paz social. Ellos, los intolerantes.

Y también los fanáticos, grupos minoritarios pero obstinados y tenaces, que quieren imponer su ideología política o religiosa, a sangre y fuego. Ellos que son intolerantes, dogmáticos y fanáticos, esperan que nosotros, la gran mayoría, nos quedemos callados, y nos sometamos. Que seamos tolerantes con ellos.

En estos casos, la tolerancia, convertida en pasividad, indolencia o sumisión, resulta peligrosa. Es contraproducente.

A este respecto voy a transcribir un pensamiento del Dr. Emanuel Tanay, judío de origen polaco, sobreviviente del Holocausto, conocido y respetado psiquiatra forense radicado en los Estados Unidos. Pensamiento que critica el silencio de muchos, y advierte sobre el fanatismo de unos pocos.

El doctor Tanay nos dice lo siguiente:

“Un hombre, cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial, fue propietario de una serie de grandes industrias y haciendas.  Cuando se le preguntó ¿cuántos de los alemanes eran realmente nazis?, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo

‘Muy pocas personas eran nazis en verdad’, dijo. ‘Pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse.

 Yo era uno de los que pensaba que los nazis eran un montón de tontos.

 Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas…’ 

Se nos dice que la gran mayoría de los musulmanes sólo quieren vivir en paz.

El hecho es que los fanáticos dominan el Islam, tanto en este momento como en la historia.  Son los fanáticos los que marchan. Se trata de los fanáticos los que producen guerras. Se trata de los fanáticos los que sistemáticamente masacran cristianos o grupos tribales en África y se van adueñando gradualmente de todo el continente en una ola islámica.

Estos fanáticos son los que ponen bombas, decapitan, asesinan. Son los fanáticos los que toman mezquita tras mezquita. Se trata de los fanáticos los que celosamente difunden la lapidación y la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. Se trata de los fanáticos los que enseñan a sus jóvenes a matar y a convertirse en terroristas suicidas.

El hecho cuantificable y duro es que la mayoría pacífica, la "mayoría silenciosa" es intimidada e imperceptible.

La Rusia comunista estaba compuesta de los rusos, que sólo querían vivir en paz. Sin embargo, los comunistas rusos fueron responsables por el asesinato de cerca de 50 millones de personas.  La mayoría pacífica era irrelevante.

La enorme población de China era también pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar la asombrosa cifra de 70 millones de personas.

El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un belicista sádico.  Sin embargo, Japón asesinó y masacró, en su camino hacia el sur de Asia Oriental, en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático, a 12 millones de civiles chinos, la mayoría muertos por espada, pala y bayoneta.

Y, ¿quién puede olvidar Ruanda, que se derrumbó en una carnicería?… ¿Podría no ser dicho que la mayoría de los ruandeses eran amantes de la paz?

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y contundentes. Sin embargo, a pesar de todos nuestros poderes de la razón, muchas veces perdemos el más básico y sencillo de los puntos:

Los musulmanes amantes de la paz se han hecho irrelevantes por su silencio. Los musulmanes amantes de la paz se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque al igual que mi amigo de Alemania, se despertarán un día y encontrarán que los fanáticos los poseen, y el fin de su mundo habrá comenzado.

Los alemanes, amantes de la paz, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, afganos, iraquíes, palestinos, somalíes, nigerianos, argelinos, y muchos otros han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que fue demasiado tarde.

En cuanto a nosotros, que somos espectadores ante los eventos en desarrollo, debemos prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestra forma de vida.

Cualquiera que dude que la cuestión es grave, está contribuyendo a la pasividad que permite a los problemas expandirse.”

Este pensamiento del doctor Tanay, nos lleva a reflexionar también sobre la promocionada Cultura de Paz. La paz es un bien inmaterial que todos anhelamos. La paz social, la paz política, la paz familiar, etc.

Pero, ¡ojo! también puede ser una trampa. Hay que saber distinguir la paz verdadera, de la paz impuesta. La paz verdadera es producto de la concordia, de la armonía, del respeto al derecho ajeno; es la ausencia de temor, de violencia y de muerte; es la sensación de justicia y de orden.

(Porque existe la paz de los muertos, la paz de los cadáveres, la paz de los cementerios).

También existe la paz de los muertos en vida, la paz de los tiranos. Cuba y Corea del Norte se vanaglorian de tener una “paz social permanente”, donde nunca sucede nada que altere el orden social. Es la Paz del Miedo, del Terror, de la Tiranía.

Estos pensamientos son de mucha validez hoy en día. Porque vemos con preocupación cómo algunos supuestos amantes de la paz, líderes mundiales, congenian con y abrazan a tiranos y fanáticos, pasando por alto sus abusos y atropellos.

Quizás no lo hacen intencionalmente, pero esa actitud se puede interpretar como una benevolencia y aprobación tácita. Los golpecitos en la espalda trasmiten un mensaje de contacto: no-importa-lo-que-han-hecho-no-se- preocupen-yo-soy-tolerante-y-amante-de-la-paz.  

Conlleva otro mensaje subliminal, más perverso: pueden-seguir-haciéndolo-yo-miro-para-otro-lado.

Y posan para las cámaras. Alegres.

Los que critican a Barack Obama por su acercamiento a los Castro, y por la apertura económica al régimen cubano, sin exigir nada a cambio, hacen varios señalamientos y críticas que parecen razonables.

Pero, de todas esas críticas, quizás la más grave –en la línea de lo que venimos hablando–, es que, al abandonar Estados Unidos la política que había mantenido por más de medio siglo por un cambio de régimen en Cuba, la oposición democrática cubana queda desprotegida. Más que nunca.

Porque –señalan– la dictadura cubana no tiene la menor intención de efectuar un cambio político en Cuba. El antiamericanismo es una cruzada moral para los Castro. De eso viven políticamente.

Nadie va a tomar en cuenta a la oposición democrática, nadie va a tomarla en serio, ahora que Estados Unidos ha aceptado a la dictadura castrista. La oposición cubana queda sola. Debe ser muy frustrante.

Tampoco se trata de ser belicista. Pero es una ingenuidad ser tolerante con quien está pensando hacer daño. Las experiencias relatadas por el doctor Tanay son más que elocuentes.

TDelaney

Managua lunes 08-06-2015

SIRIA Y VENEZUELA NO DEBERÍAN HABER LLEGADO HASTA AHÍ

El artículo anterior lo envié en Junio del 2015, hace dos años. Los acontecimientos recientes, lamentablemente, confirman lo dicho ahí.

Siria no hubiera llegado donde ha llegado, ni Venezuela hubiera llegado donde ha llegado, sin la tolerancia, la benevolencia, la complicidad y la cobardía de todos esos “amantes de la paz”, que se lavan las manos y vuelven a ver para otro lado, haciéndose los disimulados, para no-meterse-en-problemas.

Pero el problema se lo dejan a los pueblos indefensos. Y después –ahora–, hay que sacrificar mucho más, para resolverlo, con la matanza de inocentes y la migración incontrolable, poniendo en peligro la verdadera paz mundial.

Siria cayó en una guerra civil que no parece tener fin, y Venezuela está al borde de la misma, al tiempo que los tiranos  invocan la paz, la soberanía  y la no-injerencia, para continuar en el poder, sacrificando a sus pueblos.

Y los pacifistas y los políticamente “correctos” hacen lo suyo apoyando a los tiranos, sirviéndoles de caja de resonancia en los organismos internacionales y bloqueando el Consejo de Seguridad de la ONU y el Consejo Permanente de la OEA, alegando que “no hay que interferir en los asuntos internos de esos países”.

Los crímenes contra la humanidad, el genocidio, los delitos contra el pueblo, contra la nación, son delito universales, no son amnistiables y son imprescriptibles. Es el legado que nos dejaron los juicios de Nuremberg, después de la Segunda Guerra Mundial; y es lo que hemos visto en diferentes partes del mundo, después que caen los tiranos o dictadores.

Esto deben tenerlo muy presente los  tiranos…, y ¡ojo! sus cómplices. Porque en Nuremberg, sentaron en el banquillo de los acusados a todo el sistema y enjuiciaron también a los cómplices  y colaboradores.

No comparto muchas de las cosas que dice y hace Donald Trump. Y, dada su personalidad, creo que es peligroso que tenga a su alcance el poderío militar de los Estados Unidos. Pero debo reconocer que con los misiles disparados sobre una base militar en Siria y la bomba a ISIS en Afganistán, está enviando un mensaje que quizás es necesario.

Creo –y  espero– que ese mensaje sea más positivo que negativo. Y ya está dando resultados. La reacción del loco Kim, que inmediatamente hizo desfilar todo su armamento militar, intentó lanzar un nuevo misil (que no le funcionó) y dijo que enfrentaría a los Estados Unidos en una guerra total, es un alarde absurdo, que lo único que demuestra es su nerviosismo.

Es peligroso, cierto. Pero ese nerviosismo es una clara señal de que ese mensaje le llegó; y no sólo a Kim, sino que también debe haberle llegado a otros, que deben estar poniendo su barba en remojo. Ojalá que ese mensaje a corto plazo tenga efectos disuasivos para todos, y coadyuve realmente a construir un ambiente más pacífico.

Esperemos que la sensatez logre dominar sobre este mundo desordenado y peligroso. Y que aterricen todos, tanto los tiranos en su incontrolable ansias de poder, como los pacifistas amantes de lo políticamente “correcto” y los líderes mundiales que tienen en sus manos el poderío nuclear.

TDelaney
Managua, lunes 17 abril 2017

Y ¿cómo y dónde nace la tolerancia y la intolerancia?
Describir es relativamente facil, explicar con certeza es muy dificil pero necesario para intervenir en la genesis de ambas.
De lo contrario solo es poesia, en el origen griego de la palabra.
Simeón
La Galia 18 de abril de 2017

El gran desafío actual es a mi modo de ver es el poder demostrar que la "Tolerancia" y "Cultura de Paz" deben prevalecer para conseguir un mundo mejor. Los poderes actuales desde los líderes como Trump y Erdogan hasta los populismos existentes en muchos países parecen demostrar que lo contrario es la mejor manera de conseguir una nueva estabilidad con valores diferentes a los que hemos creído eran el producto de una evolución humana basada en el respeto a la verdadera democracia liberal. Facil de ver pero dificil digerir. Es un desafío que requiere dedicación e inspiración para volver al camino de la paz. Tomás nos describe observaciones y acciones que podrían haber cambiado el rumbo de la situación actual y nos hace seguir pensando.
Amado Salvador
Moraira 25 de abril de 2017

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.