A Ricardo Martínez Morice

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

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Foto tomada en 1958 quinto año en el campo del Salesiano: Patria.

foto compartida por Tomás Delaney

Ricardo Martinez Morice, compañero recién fallecido (es el número 12 de los bachilleres del CCA fallecidos), esto no incluye a Gilberto Robelo Pereira.
– Nacio el 23 de Marzo de 1940.
– ÉL, el muñeco Morales, la celula Ortega y la Zancuda Mejia eran los mayores del grupo.
– Entro a cuarto grado al Colegio Centroamerica, le dió clases Doña Angelica Vda de Navarrete, en quinto grado le dió clases Ana Espinoza y en sexto grado Pedrito Montiel.
– Estuvo en la época del Padre Larigoyte y Algueta en Primaria.- Se graduó de Abogado y Notario.
– Vivió y residio en su ciudad natal Rivas, donde pocas veces salió.
– A la fiesta de los 50 años de la graduación no asistió, llegó a la misa cuando cumplimos 51 años y luego se marcho para Rivas.
– Durante la carrera de Derecho la termino en los seis años, era muy estudioso, prudente, de personalidad dificil, no se metia con nadie, sin embargo era muy educado y amigo de hacer favores, era un hombre humilde y sencillo, siempre estudio solo.
Lo visite estos últimos años en Rivas y no habia perdido su aspecto delgado y bien vestido, serio y más o menos introvertido que de costumbre.
Era muy cauto en el asunto de los gastos y se defendia notablemente como Notario.
Le pregunte la semana pasada a varios abogados de Rivas acerca de Ricardo y más o menos coinciden que era un tipo aislado del medio, solo y triste.
Falleció el 16 de abril de 2017 a la edad de 77 años y veintiun días.
Paz a sus restos.Saludos,
Carlos Siles Levy
Trabajó al final de los 60s en el bufete del Dr. Áreas Prieto; tenía un escritorio (oficina?) en el Palacio Nacional. Ahí lo encontré un par de veces en esa época, en esos encuentros era sonriente y amigable así que guardo un grato recuerdo de él.
Me había olvidado de que Ricardo jugo fútbol, pero lo recuerdo claramente con un pañuelo enrollado y amarrado en la cabeza. Creo jugaba extremo (posición muy diferente hoy en día, ya que en tiempos de Ricardo era parte de la delantera y ahora de la línea media). En aquellos (ay!) lejanos días la velocidad era imprescindible para jugar ahí.
Descanse en paz.
Alberto Rondón
Mi sentido pésame a Jaime.  Siempre recordaré a Ricardo.  No olvido su canto en la iglesia de Jalteva, creo que en una misa por la muerte de Gilberto. Descanse en Paz. Rony Prado
fue tomada en el campo del Patria (del Salesiano),

 

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.