Danilo Callejas en FB

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

"ESTAMPAS DE MI NIÑEZ!

La cigarra nos entona su canción crepuscular,

la ranita saltarina contesta con su croar,

la luciérnaga ya enciende sus faroles nocturnales,

y hasta el búho hace sonar sus trompetas espectrales.

En otro rincón, los grillos, suenan orquestas chirriantes;

muge, en el corral, la vaca llamando al tierno becerro;

desde lo lejos se escucha el lobo que aúlla en el cerro;

el potrillo se ha asustado, brinca y corre galopante.

El perro, con sus ladridos, responde al lobo su aullido;

el toro piensa en lo suyo e intenta saltar la vaca,

el vaquero no se inmuta y descansa ya en su hamaca.

Mi mama, de la cocina, al comedor se encamina.

La mesa ya está servida, ya nos llaman a cenar:

ricos frijoles y arroz no nos podían faltar,

la tortilla hecha en comal con la fresca cuajadita,

y la jícara de tiste tan sabrosa al paladar.

Ya ha terminado la cena, vamos todos a jugar

unas manos de barajas bajo la luz tubular,

de la lámpara de gas de triste iluminación;

y entre otras sumas supimos, que ocho y seis, catorce son.

Con el naipe se acabó, es hora de ir a la cama,

la vejiga a desaguar y a ponerse la piyama,

es la hora de rezar, mi papa rige la orquesta,

y muy severo, nos dice: "sin orar nadie se acuesta".

Con voz muy grave y sonora, mi tata comienza el rezo:

gran lista de padrenuestros por los parientes difuntos,

por sus amigos de Europa, e incluye chapiollos criollos,

todos en la madre tierra, ya descansando en sus hoyos.

Ya es la hora de dormir, a Morfeo a visitar,

todos bien cobijaditos bajo el cuido de mi mama…

y apenas rayar el alba, la voz sonora de mi papa:

¡"ARRIBA ESOS HARAGANES, A GOZAR DE LA MAÑANA!"

Son estampas de mi infancia que conservo en mi memoria,

recuerdos de mi niñez, vivencias que el alma añora,

de tiempos que ya se han ido, y aún escucho el aullido

del lobo allá en la montaña y, del becerro, el berrido.

El canto de la cigarra y el croar de la ranita,

el grillo que alegre grita, y a soñar siempre me invitan.

¡Oh, tiempos idos aquellos! ¡Qué tiempos de sencillez!

¡Quién retornara a vivir los años de mi niñez!

Danilo Callejas

Miami, 11 de marzo de 2019.

"SONREIRÉ A LA TARDE Y A LA BRISA"

La tarde caía, el sol se ocultaba,

el ave, cansada, el cielo surcaba

buscando el reposo de aquel duro día,

con un aletear que me entristecía.

Tocaba mi rostro la apacible brisa,

quería provocar en mí una sonrisa,

pero mi mirada parecía velada,

con el gesto serio y con la faz helada.

Con mis ojos tristes soñaba contigo;

con mis pensamientos buscando tu abrigo,

tu caricia suave. Tu nido anhelaba,

mi tarde era tuya, mi tiempo te daba.

Tengo llama viva que en mi pecho arde,

pero, igual que el ave, en mi senil tarde,

cansado en el mundo de tanto trotar,

yo avivo mi fuego y a ti he de llegar.

Y al sentir tu dicha que a mi vida arome,

ya no habrá cansancio que a mi faz asome.

Con brillo en mis ojos daré mi sonrisa

a la tibia tarde y a la suave brisa.

Danilo Callejas

Miami, 14 de febrero de 2019

"EN LA ETERNIDAD"
(¡Qué más te puedo pedir!)

¡Qué más te puedo pedir,
si ya todo me lo has dado!
Mi vida has iluminado…
¡No hay sombras en mi existir!

Con ternura en tu mirada,
con tu pecho en mi sentir…
¿Qué más te puedo pedir,
si eres mi eterna alborada?

¿Que tu alma enamorada,
me anide con su calor?
Tú eres ya mi gran amor…
¡Nunca me has negado nada!

Tú me enseñaste a vivir…
¿Quién es la que mi verso inspira?
¿Por quién mi alma delira?
Eres tú, no he de mentir.

Si en mi ser puedo sentir,
tu amor, mi divina esencia,
el motor de mi existencia.
¿Qué más te puedo pedir?

¡Qué bien que tú ya lo sabes!
Que ni la mar se subleva,
cuando tú eres la que lleva,
firme, el timón de mis naves.

En ruta a la inmensidad,
siempre…siempre habré de amarte;
eres mi firme estandarte…
¡Mi amor en la Eternidad!

Danilo Callejas

Miami, 29 de mayo de 2016

"ERA ELLA!… SÍ!… SÍ!"

La vi pasar…

Su cuerpo escultural,

su mirada subyugante,

sus ojos de miel,

con un fondo de ensueño,

con albura de nubes,

y de azul celeste.

Quién era?…Era ella?

Dulzura en sus ojos,

suspiros en mi alma,

y un tierno sentimiento

desbordando el ser.

Era ella!…Sí…Sí!

Deslizándose en la senda

frente a mi mirada:

Atónita!…Estupefacta!…Perpleja!,

bajo el efecto hipnótico

de su señorial belleza.

El amor tocó a mis puertas,

punzó en mi corazón.

La diosa del amor

pasaba frente a mí.

Era ella!…Sí…Sí!

Coquetamente…entornó los ojos.

Maliciosamente…esbozó una angelical sonrisa.

Las piernas me temblaron,

mi corazón se aceleró estrepitosamente,

el pecho me retumbaba.

Era sueño o realidad?

Y así nació y floreció

este amor que aún me subyuga,

así llegó a mi vida

mi amor primero, mi amor eterno.

ERA ELLA!…SÍ!…SÍ!

Danilo Callejas.

Miami, 06 de septiembre de 2018.

"NOCTURNO A MI AMADA"

Esta noche he venido a decirte que te quiero,

que duermes apacible en mi amante corazón,

que ya no puedo más callar este misterio,

y temo despertarte y truncar esta ilusión.

Las noches pasan lentas oyendo mi plegaria,

son noches de silencio que abruman mis desvelos,

son noches que en secreto a mi vida le has legado,

tu imagen presurosa que vuela por mis cielos.

Transitas en mis cielos, mi corazón habitas;

el sueño que no llega, tu faz que me doblega,

musitan que te amo mis labios temblorosos,

y siento con dulzura tus besos más fogosos.

Nocturno es este sueño, es muy tenaz mi empeño;

y el marcar de las horas con sus claves sonoras,

repiten y repiten, como obseso cantor,

que te amo yo en silencio…que eres mi eterno amor.

Danilo Callejas.

Miami, 27 de septiembre de 2018.

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.