In Memorian a Danilo Callejas Baldizón

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Con toda la tristeza que me embarga, quiero informales del fallecimiento de mi querido padre el Dr. Danilo Callejas Baldizón esta madrugada 12 de Marzo. A todos sus amigos, familiares y seres queridos que en vida quisieron a mi padre, les doy las gracias por haber querido a este ser tan llenos de virtudes, excelente padre, esposo, hermano y amigo, un gran poeta, cantante y mi mejor Dentista que hasta su último día lucho por su vida con la esperanza de continuar estando a nuestro lado para seguir brindandonos su amor incondicional. Pero mi Padre Celestial lo llamó a su lecho y solo nos queda aceptar su volutad. Se que ahora descansas en los brazos de mi Señor donde ya no existe dolor ni sufrimiento y donde estoy segura que ahora continuaras escribiendo esos lindos poemas pero ésta vez para mi Señor Dios. Descansa en paz mi querido papito, te vamos a extrañar mucho, mi héroe, mi lindo amor. Todos tus hijos y tu esposa de amaremos por siempre. Besitos hasta el cielo. ♥️♥️😘😘😘 Danilo Hijo

Gracias a Rony por el enlace

Estimados familiares y amigos del Dr.  Danilo Callejas Baldizon. Les informo que la vela de mi papa sera el viernes 19 de Marzo del 2021 de 6 p.m. a 11 p.m. en la funeraria Graceland Funeral Home ubicada en la dirreccion 3434 W. Flagler St, Miami, FL 33135 (por usar mascaras.)  La misa del cuerpo presente sera  el dia siguiente sabado 20 de marzo del 2021 en la Iglesia Saint Raymond of Peñafort ubicada en la dirección 3475 SW 17 St,  Miami, FL 33145 a las 8:30 a.m.  Los esperamos, sus hijos e hija.  Bendiciónes.

Un cuento y una poesía: así recuerda Armando Calonje a Danilo Callejas

Éramos muchachos adolescentes. Estaríamos alrededor de los quince años, en pleno desarrollo, con la alegría de vivir y la fortaleza inagotable de los años mozos. Pertenecíamos a un grupo de boyscouts del Colegio Centroamérica de Granada, Nicaragua. Todos entusiastas, pletóricos de energía y con ánimos de correr aventuras. El grupo era pequeño, no mayor de diez. 

Era un día domingo que amaneció con el cielo muy despejado. 

Se organizó la excursión; sería a la Laguna de Apoyo, en aquél entonces, sin el desarrollo turístico de la actualidad. Corría el segundo lustro de los años cincuenta; sería, aproximadamente, allá por el año de 1957. 

Dispuestos a pasarla bien, y a realizar una larga y alegre caminata, emprendimos el viaje. Como jefe del grupo iba Leonel (Chichula) Juárez Meza, oriundo de Chinandega. Salimos del Colegio en horas tempranas de la mañana con la intención de regresar antes del anochecer. Los sacerdotes jesuitas a cargo de nuestra formación, nos dieron la despedida, seguramente con su paternal bendición. Nuestros rostros irradiaban decisión y entusiasmo. Íbamos en busca de un reto, dispuestos a correr las aventuras que la laguna nos ofreciese. 

Atravesamos Granada y enrumbamos hacia nuestro destino con paso firme y sostenido. Para ese entonces no existía la carretera asfaltada. Caminamos largo rato. El sol de la mañana acariciaba nuestros rostros y ya provocaba que gruesas gotas de sudor perlaran nuestras frentes. El camino se prolongaba, se estiraba y la dichosa laguna no aparecía a nuestra vista. 

No habíamos planificado la distancia ni el tiempo de recorrido. Se podía entrever claramente que éramos muchachos faltos de experiencia. 3 

Cansados de tanto caminar, decidimos abordar una camioneta de pasajeros para aproximarnos a la laguna y ahorrar tiempo. El costo del pasaje era no mayor de tres córdobas. Algunos de los excursionistas no disponían de dinero. Yo, recuerdo haberles proporcionado, en calidad de préstamo, el dinero necesario con una parte sustancial de mis ahorros. A la fecha, aún sigo esperando. 

La camioneta de pasajeros nos dio un buen aventón y bajamos de ella ya muy próximos a una pendiente que nos llevaría hasta el borde mismo de la laguna. Siempre con gran entusiasmo, reanudamos la marcha y descendimos. Tocamos aguas cristalinas; estábamos en nuestra meta: Apoyo, la laguna, era nuestra. 

Los rayos del sol del mediodía apuntaban directamente sobre nuestras cabezas. Calculamos que sólo tendríamos tiempo para regresar al Colegio. Así empezamos nuevamente el largo recorrido; esta vez, ya no a bordo de ninguna camioneta, ni lancha salvadora, sino que bordeando el contorno de la laguna. 

La marcha fue fatigosa y complicada. A ratos, la senda era amplia y despejada; a ratos, tortuosa y enmarañada. Era preciso meterse en el agua para poder avanzar. A veces nos llegaba hasta la cintura. Otras veces teníamos que bordear rocas de considerable tamaño. Pero, avanzábamos sin detenernos, urgidos por la hora de regreso. 

El sol, lentamente, igual que nosotros también avanzaba y se inclinaba hacia el ocaso. Sin embargo, nos cuidaba e iluminaba nuestros senderos. Parloteábamos, contábamos chistes, cantábamos canciones y, en general, disfrutábamos de la aventura. 

Siempre andando… había que apresurar el paso. Las sombras de la tarde amenazaban con traer la oscuridad. Algunas veces, el radiante sol se nos escondía entre algunas nubes y la penumbra que se apoderaba del ambiente no nos gustaba para nada. No había tiempo que perder, o la noche nos cortaría el suministro de luz. 

Redoblábamos el paso, ya ni platicábamos. Las bromas y risotadas se ausentaron, los cantos enmudecieron y un rictus de seria preocupación se dibujaba ya en nuestros semblantes. Comenzaba a oscurecer y la salida hacia Granada parecía esconderse entre las matas y bejucales que ascendían del suelo circundante a la laguna. 

Nuestro buen amigo, el sol, parpadeó entre otras nubes y ya se negó a que viésemos sus rayos. Comenzamos a tragar gordo, a preocuparnos verdaderamente. Nuestros pasos, en la oscuridad, podrían resbalar y provocarnos algún esguince, dislocación, torcedura o fractura. Habría que sopesar los riesgos, pero no cejábamos en la marcha. Chapoteando agua, bordeando rocas o apartando 4 

arbustos…avanzábamos…avanzábamos…hasta que un negro manto envolvió todo nuestro alrededor. Era el manto de la noche. 

Nos reunimos a conferenciar, ya no se podría avanzar. Se imponía acampar. Como providencia del cielo, un barquichuelo, una lanchita, diría casi una canoa, apareció ante nuestros ojos. ¡No! ¡No nos venía a rescatar! No avanzaba sobre las soñolientas aguas. Estaba anclada a la orilla de la laguna, amarrada con un viejo mecate a un árbol que, a esa hora, ya dormitaba en la orilla. 

No obstante…… meditamos. No podríamos navegar en ella, pero sí, nos podría servir como base de nuestro acampamiento. No quisimos hacerlo en tierra firme. El terror a la posibilidad de la mordedura de alguna víbora venenosa no nos permitió acariciar esa idea. Pernoctaríamos dentro del bote. Era ya nuestra decisión. Mientras tanto, las horas de la noche se harían interminables y más extensas que nunca. En el fondo del bote había casi una pulgada de agua y éste era de dimensiones reducidas. No era posible acostarse. Podríamos acomodarnos sentados y…o más exigencias. 

Nuestro jefe de grupo, hombre de cristianas costumbres, avezado en la práctica de “enseñar”, o a ser guía del rezo del rosario, dispuso que era la hora de cumplir con la Virgen María. Todos, de común acuerdo, convenimos y así, uno a uno desgranamos los misterios, Padre Nuestros y Ave Marías de la Mariana Devoción; por supuesto, sin excluir sus letanías. Creo que la Virgen Santísima también nos acompañó esa noche. 

Velando por nuestra seguridad se dispuso que, mientras algunos intentasen reconciliar el sueño, al menos uno o dos, permanecería de guardia, en prevención a cualquier peligro que en la noche pudiera amenazarnos. 

No creo que nadie haya dormido con la tranquilidad del lirón. Las horas pasaron. La luna no se asomó por ningún lado. Si alguna luz vimos, fue sólo la de algunas luciérnagas al volar. El croar de algunas ranas o el desafinado chillido de algún insomne grillo, fue el único sonido adicional a nuestras fatigosas respiraciones, que se oían en el silencio de esa noche sin final. 

Amaneció. El astro rey nos mandó sus primeras saetas lumínicas. 

Con rostros cansados y ojos aún abotagados por el mal dormir, hicimos los preparativos para reemprender la marcha. Al menos, todavía estábamos “vivitos y coleando” y habíamos superado los peligros de la noche. 

Rebuscamos en nuestras húmedas mochilas por si aún quedaba algún pedazo de queso o de tortilla remojada para engañar al estómago. Finalmente, nos las echamos al hombro, abandonamos nuestro barco 5 

acorazado que, tan generosamente, nos había dado albergue esa larga noche, y con renovados bríos emprendimos el regreso. 

Pero hombre… ¡Qué alegría! Nuestro trasatlántico estaba estacionado frente a un sendero que subía hacia afuera de la laguna. Ni cortos ni perezosos, seguimos su trayecto. Efectivamente, en pocos minutos habíamos abandonado la laguna. No sé a qué distancia de Granada puede estar su orilla más cercana. No recuerdo cuánto tiempo nos tomó, pero el caso fue que, a media mañana, los expedicionarios hacíamos nuestra entrada triunfal en los portones del colegio. ¡Sanos y salvos! ¡Bendito sea Dios! 

Naturalmente, fuimos recibidos con gran júbilo y muestras de cariño y sin ningún reproche, por nuestros educadores, que si en algún momento estuvieron preocupados por nuestra ausencia, muy bien lo supieron disimular. Me imagino el gran alivio que para ellos habrá sido nuestro regreso. La responsabilidad ante nuestros padres debía, aunque sin ninguna culpa, de pesar enormemente sobre ellos. 

Y colorín colorado…Este cuento se ha acabado. 

NOTA: Esta historia es 100% auténtica, nada de un 80 o un 90. Es más auténtica que los cuentos de Pancho Madrigal, que al fin se quedó en puro cuento. En ella no participaron nuestros queridos amigos y compañeros cuentistas Armando y Oscar. Armando, porque para ese entonces creo que estaba cruzando con su papá el Gran Lago Cocibolca, o estaría despidiendo a Alberto en su viaje donde San Pedro. Oscar, como siempre es una incógnita y no sé por dónde andaría. 

No pretendo con esta historia, usurpar el terreno que sólo dominan Oscar y Armando, pero yo siempre soy un atrevido. Les pido disculpas. 

Danilo Callejas 

Miami, 11 de Diciembre de 2011. 

**** 

… 

—Los muchachos tenían un tira y jala tremendo –, agregó doña Techa —, uno le decía al otro ‘entrá vos primero’ y el otro le decía al otro ‘no, entrá vos primero’, y yo que los estaba observando detrás de la celosilla, me cansé del juego que se tenían y decidí salir para invitarlos a que entraran al Vergel. Que susto que se han llevado esos muchachos, al verme. 

–¡Ay mi madre! –, exclamó doña Techa –, yo creí que se les iba a salir los ojos. Yo creo que nunca habían visto a una prostituta en persona.

Entonces fue cuando Danielito se me acercó y me dijo que andaban cortos de dinero pero que él escribía poesías muy bonitas y me preguntó que si me podía escribir una poesía a cambio de mis servicios. Qué locura de muchacho, como que si yo me alimentaba de poesías, siempre querían que nuestros servicios se los diéramos gratis o fiados. ¡Qué ocurrencia de muchacho; una poesía! -—agregó doña Techa. —Les ofrecí un descuento pero entre todos no lograron juntar ni cinco pesos. Como los vi bien agitados y sudados les ofrecí un refresco y luego, todavía con cara de susto, se fueron corriendo pues creo que se les estaba haciendo tarde. Ni siquiera me dieron las gracias por el refresco. 

—Muchas gracias por compartir el cuento. — Dijo Gabriel. 

—Óigame don Gabriel, si le escribe a Danielito, dígale que la Techita todavía lo recuerda y a lo mejor me puede escribir una poesía, la que me ofreció hace cincuenta años. 

… 

*** 

¡Hola, Armando! 

El cuento de doña Techa te quedó FA-BU-LO-SO. Le hice swing a la curva que me tiraste y la abaniqué. Primeramente, hasta creí que la señora me conocía. Luego, comprendí que la NOTA, al final de mi cuento, produjo sus dividendos y los capitalizaste como un mago de las finanzas. 

Realmente, tu imaginación fue rápida e hilvanaste un bonito cuento. 

Yo, no pude menos que escribir la poesía que “hace cincuenta años” le había ofrecido a doña Techa. Dile que le envío saludos y, de mi parte, dale cincuenta besitos, uno por cada año de no haberla visto. Te advierto, vamos a salir mal con los miembros de la inquisición. No para la web. Aquí sus versos… 

“Doña Techa” 

El último cuento, Armando, 

es muy bonito y gracioso, 

Danilo sale bailando, 

más todo el mundo conviene, 

que aún siendo bondadoso, 

sin estar adivinando, 

tiene de cierto ese cuento, 

no más un veinte por ciento. 

Doña Techa: “Cuide el pezón 

y no se pegue un tropezón. 

Oiga usted mi consejo, 

se lo digo desde lejos, 

también cuide de sus reales, 

no fíe nacatamales, 

porque algunos “nicanores”, 

no son buenos pagadores”. 

¡Ah, qué doña Techa ésta! 

Ella sueña que se acuesta, 

Con don Armando “El Galán”, 

“¿Quiere tres? Pues ¡ay! le van. 

Vengan para acá mis reales. 

Coja, usted…. Nacatamales”. 

Que no crea doña Techa, 

que con su cuento me arrecha. 

Si yo, Armando hubiese sido, 

y la hubiera conocido, 

no lo estuviera contando. 

Su decir sería distinto, 

yo sé, él no hubiera parado, 

hasta no echarle el quinto, 

y aún seguiría intentando. 

A esa “dama de la noche”, 

fuese a pie o fuese en coche, 

Armando hubiera llevado, 

a hacer del amor derroche, 

hasta estar desempolvado, 

no por una, por mil noches. 

Pues el mentado “Polvorín”, 

en Lexus o en cualquier coche, 

Armando lo visitaba, 

y una noche y otra noche, 

dormido ahí se quedaba, 

desde que era un chiquitín. 

Danilo Callejas 

Miami, 13 de Diciembre de 20 

… la etapa más importante de mi formación a nuestro colegio y su ciudad Granada, a quienes amo entrañablemente. 

Hoy que ha pasado más de medio siglo de nuestro bachillerato, me llena de satisfacción y alegría ver, cómo nuestra amistad, con todos ustedes los granadinos, ha reverdecido y florecido. Nunca me había sentido más amigo de un Armando Calonje, de un Carlos José Chamorro, de un Orlando Augusto Morales Peña, de un Carlos José Miranda, de un Guillermo Vargas y de todos los que participamos más frecuentemente en nuestros correos electrónicos, como en estos días. Siento que es una amistad que no perecerá hasta que…no preciso decirlo, con tu inteligencia granadina y la bravura leonesa comprenderás hasta cuándo. 

Danilo Callejas Baldizón 

Miami, 06 de Febrero de 2012. 

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.