Augusto Morales Peña
Granada
21 de feb. de 20
El Colegio Centroamérica, en Granada de Nicaragua, tuvo su inicio en Xalteva, sitio en donde vivían mis antepasados, de apellido Urbina.
Nació el colegio, en Xalteva, en la esquina formada por la Calle Real y la calle El Palenque.
Los Jesuitas de antaño, siempre estuvieron en contacto con los Urbina, directamente con mi Abuela Juana Urbina.
Yo recuerdo, cuando yo estaba externo, en primaria y parte de secundaria, que, en la parada de toma del Bus, hacia el colegio, mi abuela me llamaba para entregarme, en Navidad, la famosa “Sopa Borracha”, hecha de el famoso Marquesote y que cubierto con licor, formaban esa exquisitez, que a los Jesuitas, de esa época, les encantaba. Yo lo llevaba al colegio y lo entregaba en la prefectura, quienes se hacían cargo del obsequio. Lo saborearon los jesuitas del pasado y de mi época. Aquello, era extraordinario.
Recuerdo al Padre Cassini, pasar todos los días por el frente de mi casa,
la Calle del Consulado, en Xalteva y su caminar, con su cuerpo de un lado al caminar, para mas tarde averiguar que caminaba, así, porque se colocaba granos de maíz, en sus zapatos, que lo hacían, verse así al caminar. Fue un Santo. El iba, todos los días, a visitar a enfermos del barrio. Fue compañero del padre Muruzabal, que por ese
entonces, era mas joven que el conocido como profesor nuestro, de
Química y Física.
Eran otros tiempos, en donde aprendí a creer en la fortaleza que Dios N.S. imprimía en sus Sacerdotes y hacía de la persona humana, la aparición y el fortalecimiento de la Fe, en nuestra Iglesia.
Un fuerte abrazo, Augusto
Cuando yo tenía seis o siete años, como vivía en el barrio de Xalteva,
en la calle El Consulado, mi Iglesia, de pequeño, era la Iglesia de
Xalteva. Allí conocí al hermano Jesuita, Ramón Meabe, Joven. Tendría
menos de treinta años, el hermano Meabe. Lo visitábamos en la Iglesia,
pues nos regalaba los recortes de Hostias, que eran muy ricas y, además
aprovechábamos el comer Uvas, de las que existían sembradas en los
patios interiores de la Iglesia. El nos llevaba a aprender a ser
Acólitos, para ayudar al Sacerdote en las Misas. Nunca dejé de
contactar con él. Con el tiempo, lo trasladaron al Colegio, a orillas
del Lago. Era el hermano encargado de la cocina de los estudiantes.
Luego pasó al colegio de Managua, en donde era el encargado
de dar apoyo a los niños del colegio, Fue un Santo varón de Dios.
Ya anciano, lo visité varias veces al colegio, para saludarlo y ver como
se sentía. Pasó el tiempo, hasta que, sentado en una cómoda silla,
recibía los saludes y conversaciones que establecíamos con él. Nunca
perdió su sonrisa y cariño por todos los estudiantes de antaño. Hasta
que un día, Dios se lo llevó, dejando sentimientos del amor que otorgó
a todos los estudiantes, con los cuales contactó en su vida. Lo
recordaré por siempre. Para mi, fue un Santo de Dios.