Recuerdos de Agusto del primer colegio en Granada

Estación 1: Invocación – Silencio como origen

En el umbral de toda escucha, el silencio nos convoca a la presencia. Cada pausa es un espacio donde nace la nada fecunda. Abre tus sentidos: lo no dicho ya vibra.

 

Estación 2: Meditación I – Memoria herida

La memoria duele y sana a la vez. Cada eco del ayer nos devuelve a lo amado y perdido. Escucha el susurro que habita en el recuerdo.

 

Estación 3: Meditación II – Exilio y resistencia

El exilio rompe raíces pero cultiva alas interiores. En el crisol del desarraigo se forja la dignidad. Que cada nota sea un estandarte de libertad.

Estación 4: Meditación III – Luz en la oscuridad

En la noche más densa nace la chispa divina. La ternura de lo diminuto revela horizontes infinitos. Deja que la luz interna te guíe.

 

Estación 5: Meditación IV – Reconciliación

La reconciliación florece donde el rencor se rinde. En el eco de la belleza hallamos perdón y futuro. Entrega el pasado a la música que sana.

Estación 6: Meditación V – Testimonio

Cada acorde es un testigo del dolor silenciado. La palabra musical alza la voz por quienes no pueden. Que tu escucha sea un acto de justicia.

Estación 7: Meditación VI – Transfiguración

El alma se refleja en la armonía perfecta. Cada repetición es un portal hacia lo eterno. Permite que tu ser se disuelva en el infinito.

Estación 8: Conclusión – Bendición del camino

La esperanza no es un punto final sino el aliento que sostiene el trayecto. Llevamos esta huella sonora como bendición en la marcha.

 

Augusto Morales Peña
Granada
21 de feb. de 20

El Colegio Centroamérica, en Granada de Nicaragua, tuvo su inicio en Xalteva, sitio en donde vivían mis antepasados, de apellido Urbina.
Nació el colegio, en Xalteva, en la esquina formada por la Calle Real y la calle El Palenque.
Los Jesuitas de antaño, siempre estuvieron en contacto con los Urbina, directamente con mi Abuela Juana Urbina.
Yo recuerdo, cuando yo estaba externo, en primaria y parte de secundaria, que, en la parada de toma del Bus, hacia el colegio, mi abuela me llamaba para entregarme, en Navidad, la famosa “Sopa Borracha”, hecha de el famoso Marquesote y que cubierto con licor, formaban esa exquisitez, que a los Jesuitas, de esa época, les encantaba. Yo lo llevaba al colegio y lo entregaba en la prefectura, quienes se hacían cargo del obsequio. Lo saborearon los jesuitas del pasado y de mi época. Aquello, era extraordinario.

Recuerdo al Padre Cassini, pasar todos los días por el frente de mi casa,
la Calle del Consulado, en Xalteva y su caminar, con su cuerpo de un lado al caminar, para mas tarde averiguar que caminaba, así, porque se colocaba granos de maíz, en sus zapatos, que lo hacían, verse así al caminar. Fue un Santo. El iba, todos los días, a visitar a enfermos del barrio. Fue compañero del padre Muruzabal, que por ese
entonces, era mas joven que el conocido como profesor nuestro, de
Química y Física.

Eran otros tiempos, en donde aprendí a creer en la fortaleza que Dios N.S. imprimía en sus Sacerdotes y hacía de la persona humana, la aparición y el fortalecimiento de la Fe, en nuestra Iglesia.
Un fuerte abrazo, Augusto

Cuando yo tenía seis o siete años, como vivía en el barrio de Xalteva,
en la calle El Consulado, mi Iglesia, de pequeño, era la Iglesia de
Xalteva. Allí conocí al hermano Jesuita, Ramón Meabe, Joven. Tendría
menos de treinta años, el hermano Meabe. Lo visitábamos en la Iglesia,
pues nos regalaba los recortes de Hostias, que eran muy ricas y, además
aprovechábamos el comer Uvas, de las que existían sembradas en los
patios interiores de la Iglesia. El nos llevaba a aprender a ser
Acólitos, para ayudar al Sacerdote en las Misas. Nunca dejé de
contactar con él. Con el tiempo, lo trasladaron al Colegio, a orillas
del Lago. Era el hermano encargado de la cocina de los estudiantes.
Luego pasó al colegio de Managua, en donde era el encargado
de dar apoyo a los niños del colegio, Fue un Santo varón de Dios.
Ya anciano, lo visité varias veces al colegio, para saludarlo y ver como
se sentía. Pasó el tiempo, hasta que, sentado en una cómoda silla,
recibía los saludes y conversaciones que establecíamos con él. Nunca
perdió su sonrisa y cariño por todos los estudiantes de antaño. Hasta
que un día, Dios se lo llevó, dejando sentimientos del amor que otorgó
a todos los estudiantes, con los cuales contactó en su vida. Lo
recordaré por siempre. Para mi, fue un Santo de Dios.

Estación Meditativa

Los Dos Leones: Custodios de la Dignidad Humana en Tiempos de Revolución

León XIII (1891) — León XIV (2026)

Antífona inicial

«El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»
(Gaudium et spes, 22)

 

I. Dos épocas, un mismo temblor

En 1891, León XIII contempló el mundo desgarrado por la Revolución Industrial: fábricas humeantes, jornadas inhumanas, familias rotas, obreros sin derechos.
En 2026, León XIV contempla otro temblor: la Revolución Algorítmica, donde la inteligencia artificial penetra decisiones, imaginarios y estructuras de poder.

Ambos escuchan el clamor del ser humano amenazado.
Ambos responden con la misma certeza:
la dignidad no se negocia, se custodia.

II. León XIII: el pastor que vio nacer al trabajador moderno

En la noche más dSu mente tomista, ordenada y luminosa, le permitió leer la historia como un sistema moral.
En Rerum novarum defendió al obrero cuando nadie lo hacía.
Proclamó que el trabajo es acto de persona, no mercancía.
Y abrió el camino de la Doctrina Social de la Iglesia.

San Agustín lo habría reconocido:
«Ama y haz lo que quieras» — porque el amor ordena lo que el poder desordena.

 

III. León XIV: el pastor matemático ante la era algorítmica

 

Formado en matemáticas y ciencias computacionales, León XIV comprende desde dentro la lógica de la IA:
sus límites, sus sesgos, su poder, su fascinación.

Por eso advierte:

«La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia y la utiliza»
(Magnifica Humanitas, 9)

Su mirada agustiniana le impide absolutizar la técnica.
Su mente matemática le impide demonizarla.
Su corazón pastoral le exige discernirla.

Como Santo Tomás enseñaba:
«La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona».
Así también la técnica: iluminada por la gracia, puede servir al bien.

IV. Dos guardianes ante dos torres

 

León XIII vio la tentación de una Babel industrial:
la idolatría del capital, la uniformidad del trabajo sin alma.

León XIV ve la tentación de una Babel digital:
la reducción del ser humano a datos, la homogeneización algorítmica, el poder privado sin rostro.

Ambos responden con la misma imagen bíblica:
no construir torres que desafían a Dios, sino reconstruir Jerusalén,
donde cada persona tiene un tramo de muralla que custodiar.

V. La sabiduría de los Padres que los sostienen

 

San Agustín

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Ambos Papas ven que la técnica —industrial o digital— no puede calmar esa inquietud.

Santo Tomás de Aquino

«La persona es lo más perfecto de toda la naturaleza».
Ambos Papas recuerdan que ninguna máquina puede superar la grandeza de un corazón humano.

VI. Oración final

 

Señor Jesucristo,
que en cada época suscitas pastores capaces de leer los signos de los tiempos,
te damos gracias por León XIII y León XIV,
guardianes de la dignidad humana
ante las revoluciones que quisieron reducir al hombre
a fuerza de trabajo o a dato calculable.

Concédenos, como ellos,
la valentía de discernir,
la sabiduría de custodiar,
y la ternura de servir.

Haznos constructores de Jerusalén,
no arquitectos de Babel.
Amén.